Condenada la mujer que denunció una agresión en una fiesta de Tecnocasa: falsa violación y sumisión química

La condena establece una multa diaria de ocho euros durante tres meses y prohíbe a E.C. acercarse a menos de 200 metros del domicilio de su exjefe durante seis meses
Fachada de un establecimiento de Tecnicasa
Fachada de un establecimiento de Tecnicasa

En julio pasado, E.C., una ex comercial de Zaragoza, denunció haber sido drogada y violada durante una convención de Tecnocasa en Santander y, posteriormente, despedida por la franquicia en la que trabajaba tras presentar su denuncia. El caso llevó a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, a solicitar una investigación de la Inspección de Trabajo, acompañada de la frase: "Yo sí te creo".

El caso parecía un ejemplo paradigmático de violencia machista: sumisión química, el trabajo como herramienta de poder y el despido como castigo. Sin embargo, en noviembre, un juzgado de Santander archivó la denuncia penal por agresión sexual tras una exhaustiva investigación que concluyó que ni la violación ni la sumisión química habían ocurrido. La magistrada remitió además el testimonio de E.C. a otro juzgado, señalando que sus declaraciones podrían ser constitutivas de delito por falsedad, postura apoyada también por la Fiscalía.

Ahora, la Justicia ha condenado a E.C. por amenazar a su exjefe de Tecnocasa con inventarse una falsa agresión sexual. Según ha informado El Mundo, estas amenazas ocurrieron tras su despido y formaban parte, según los informes policiales, de una estrategia de venganza para dañar la reputación de la marca.

Los hechos ocurrieron en los días posteriores a la convención. E.C., de 24 años, fue despedida junto con su compañero M.G. debido a su mal desempeño y a su comportamiento extremo durante el evento, donde, según testigos, se drogó y causó altercados. Al ser informada de su despido, rompió una taza en la oficina y amenazó al dueño de la franquicia con frases como: "Va a quedar bonita la marca Tecnocasa, agresión sexual en la convención". Posteriormente, insinuó que denunciaría por acoso sexual a su exjefe y dijo a otros empleados que "iba a quemar la oficina".

Finalmente, E.C. denunció a otro compañero, un comercial de otra oficina y ex Míster España, con quien mantuvo relaciones sexuales consentidas durante la convención. Según su entorno, esta denuncia provocó un calvario personal y profesional para el acusado.

El dueño de la franquicia de la calle Vista Alegre, en Zaragoza, denunció a E.C. por amenazas y, tras instalar una cámara en la oficina, logró grabar declaraciones incriminatorias. En octubre, un juzgado de Zaragoza condenó a E.C. a tres meses de multa por estas amenazas, y recientemente la Audiencia Provincial confirmó la sentencia, desestimando su recurso y condenándola además al pago de costas.

La condena establece una multa diaria de ocho euros durante tres meses y prohíbe a E.C. acercarse a menos de 200 metros del domicilio de su exjefe durante seis meses.

El caso, que inicialmente parecía un ejemplo de violencia de género con sumisión química y despido como represalia, terminó revelando, según las sentencias judiciales y los informes policiales, un uso indebido de los recursos legales diseñados para proteger a las víctimas, con el propósito de ejecutar una venganza laboral.

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