Bodegas Aragonesas: 40 años de pasión por llevar la garnacha por el mundo

Gracias al empeño de Bodegas Aragonesas, la garnacha ha sido reconocida mundialmente por su alto valor enológico con vinos como Fagus o la Garnacha Centenaria
Enrique Chueca, Gerente de Bodegas Aragonesas
Enrique Chueca, Gerente de Bodegas Aragonesas

3.200 hectáreas de viñedo, siete millones de cepas y un largo listado de referencias entre las que destacan mundialmente la Garnacha Centenaria o el Fagus. Bodegas Aragonesas quiso hacerse un hueco en el sector vitivinícola cuando nadie apostó por la garnacha como una variedad de calidad que pudiera tener un lugar dentro del competitivo mundo del vino en los años 80.

A lo largo de sus 40 años de historia, Bodegas Aragonesas ha demostrado unos fuertes valores que han forjado su identidad y marcado su trayectoria en el sector. Enrique Chueca, CEO de Bodegas Aragonesas, describe el trabajo de estos años atrás como "muy intenso, muy creativo y tenaz". 

"Uno de los objetivos de los que nos sentimos especialmente orgullosos era intentar conseguir que la garnacha se situara como una de las variedades de mayor calidad del mundo".

Nacida en una época complicada para el sector vitivinícola aragonés, la bodega no solo logró superar las adversidades iniciales, sino que también se convirtió en pionera al apostar por una variedad que, en aquel momento, pocos veían como viable: la garnacha, seña de identidad de la bodega aragonesa.

Tras una intenso trabajo de investigación y una estructura tecnológica adelantada para la época, descubrieron que la garnacha bien trabajada daba lugar a un vino de muy buena calidad. "Descubrimos que la garnacha tenía diferencias claras sobre el resto del mundo y un alto poder enológico", explica Enrique Chueca.

La estrategia comenzó a dar sus frutos cuando lanzaron al mercado sus primeros vinos bajo las etiquetas Coto de Hayas Crianza y Reserva, que, como comenta Chueca, "eran dos conceptos de producto totalmente opuestos a lo que se pensaba que se podía hacer con la garnacha". Estos vinos demostraron que la variedad podía producir tintos excepcionales, y el reconocimiento llegó en 1997, cuando la bodega obtuvo su primera medalla de oro, marcando el inicio de su proyección internacional.

Otro de los grandes impulsos para la bodega fue la colaboración con las cadenas de distribución y grandes superficies que iniciaban su andadura por aquella década de los 80, ya que ellos necesitaban producto y en Bodegas Aragonesas supieron aprovechar la situación para darse a conocer así en el mercado nacional e internacional y se convirtieron poco a poco en grandes exportadores.

EL GRAN SALTO CUALITATIVO

Pero si hay un momento que ha marcado un antes y un después en la trayectoria de Bodegas Aragonesas es el lanzamiento de la Garnacha Centenaria en 1998, "el vino que consolidó la variedad en el mundo". Este vino, elaborado con uvas de viñedos centenarios, no solo se convirtió en un referente para los amantes de la garnacha, sino que también ayudó a revitalizar el sector en general.

Tras este primer impulso, la dedicación por elaborar un vino de la máxima calidad se reflejó en el cuidado de cada detalle a lo largo de toda la producción, y esto derivó en Fagus, el vino más emblemático de la bodega. Inimitable por sus características, "es un vino muy singular, y cuando alguien prueba Fagus difícilmente lo olvida", expresa Enrique Chueca.

Pero las tendencias de consumo afectan a todos los sectores, incluido a la forma de consumir vino, por lo que Bodegas Aragonesas detectó que era el momento de cambiar hacia un tinto más sutil. "Cada vez hace más calor y la gente consume menos tinto, por lo que a los tintos tenemos que bajarle la intensidad para adaptarlos al nuevo consumo". Esto ha creado una nueva tendencia de la cual nacieron dos nuevos y exquisitos tintos de la casa: Nabule Terroir y Nabule Esencia.

"Este proyecto nos ha dado el camino y tenemos que seguir el camino para que le gente vuelva a consumir más vino". expresa Chueca. Pero conscientes de que la Garnacha no es para todo el mundo, desarrollaron un nuevo producto con el objetivo de "acercar al sector joven que más adelante pudieran consumir vinos de alto nivel", y así nació Azzulo para satisfacer los periodos estivales y el consumo en el público joven.

Para una bodega que lleva 40 años innovando, el futuro pasa por mantener ese espíritu incansable: "No nos vamos a parar, y nuestro proyecto más cercano saldrá para primeros de año, y es un vino blanco sin alcohol intentando mantener una calidad bastante parecida al vino con alcohol". Otro proyecto pionero que pretende abrir camino a una nueva época en cuanto al consumo de vino.

Con cuatro décadas a sus espaldas, Bodegas Aragonesas sigue mirando hacia el futuro con una mezcla de tradición y visión innovadora. Su apuesta por la garnacha, una variedad que en su momento parecía destinada al olvido, no solo ha redefinido la historia del vino aragonés, sino que ha marcado un camino a seguir para poner en valor el sector vitivinícola aragonés.

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