Los 73 aragoneses que siguen olvidados en Francia tras morir en 'campos de refugiados'
El investigador Juan M. Calvo Gascón, miembro de Amical de Mauthausen, documenta en su estudio “Aragoneses refugiados en Francia: abandono y muerte en el exilio” el destino de 73 aragoneses que fallecieron en territorio francés tras huir de España al término de la Guerra Civil.
El trabajo forma parte de una investigación más amplia sobre los republicanos deportados a los campos nazis, que permite visibilizar también a quienes murieron antes, durante o después de la Segunda Guerra Mundial.
Según los datos recopilados, 2.792 españoles perdieron la vida en el exilio francés, de los cuales 1.066 eran civiles y refugiados. Entre ellos se encuentran los 73 aragoneses identificados con nombre y apellidos.
Calvo Gascón subraya la dificultad para cuantificar con precisión el número total de fallecidos: “Hubo numerosísimas defunciones, pero su número es difícil, si no imposible, de calcular”, citando a la historiadora Geneviève Dreyfus-Armand, especialista en el exilio republicano.
Los campos de refugiados del sur de Francia
Medio millón de españoles cruzaron los Pirineos a comienzos de 1939. En lugar de encontrar refugio, fueron confinados en playas como Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Barcarès o Agde, convertidas en improvisados campos de concentración.
Allí, los refugiados “dormían al raso sobre la arena, carecían de agua potable y de la más elemental higiene. Estaban plagados de piojos, pulgas y ratas; allí enterraban a sus muertos en los viñedos próximos a la playa”, recoge Calvo citando testimonios como el de Daniel Pinós, natural de Sariñena, o las investigaciones de A. Soriano en Éxodos. Historia oral del exilio republicano en Francia.
Muchos aragoneses fallecieron en los primeros meses del destierro, víctimas del agotamiento, la enfermedad o el frío. En total, más de 50 aragoneses murieron en campos como Bram, Septfonds, Gurs o Le Vernet, especialmente entre 1939 y 1940.
El campo de Bram: 39 aragoneses entre sus víctimas
El campo de Bram, en el departamento francés de Aude, comenzó a construirse el 5 de febrero de 1939 y en apenas dos semanas ya estaba operativo. Allí fueron internados refugiados de mayor edad, y según el propio estudio, “las defunciones en los primeros meses alcanzaron la cifra de unas 30 personas por semana”.
Entre las víctimas figuran 39 aragoneses. Uno de ellos fue José Arias Bringola, nacido en Zaragoza en 1896, funcionario de Correos y militante socialista. Murió de tuberculosis el 11 de marzo de 1939 tras una larga agonía en el campo, separado de su esposa e hijos, que nunca lograron reencontrarlo.
También perecieron allí Luciano Orona Armengol, de Mazaleón, el 15 de marzo de 1939; y su vecino Joaquín Arbiol Perfagés, de la misma localidad, militante de la CNT, muerto el 28 de mayo de 1939.
De Vivel del Río procedía Jorge Aranda Cortés, alcalde republicano en 1936, fallecido en Bram el 15 de mayo de 1940, cuando ya había sido condenado por un tribunal franquista sin saber que había muerto en el exilio.
Calvo detalla incluso la muerte de niños y niñas menores de tres años nacidos en el destierro, como María Teresa Gabás Mur, nacida en Francia en enero de 1939 y fallecida con 19 meses, o Manuel Valero Aznar, muerto con solo seis meses de vida en 1940.
Septfonds, el “cementerio de los españoles”
Otro de los escenarios más duros fue el campo de Septfonds, próximo a Montauban. Allí fueron confinados miles de refugiados republicanos a partir de marzo de 1939. La población local se negó a que los cuerpos se enterrasen en su cementerio, por lo que un vecino cedió un terreno para lo que se conoció como el “Cementerio de los españoles”.
En él reposan 81 republicanos, entre ellos varios aragoneses: Miguel Abós Serena, zaragozano y antiguo secretario general de la CNT de Aragón, fallecido en 1940 de un absceso pulmonar, José Mortes Hernández, de Zaragoza, muerto de tifus en 1939, Pascual Uliaque Abenia, de Quinto de Ebro, fallecido de tuberculosis el 14 de octubre de 1939, José María Usieto Asín, de Almuniente, muerto el 3 de abril de 1939 a los 20 años, Miguel Usón Salvador, de Pina de Ebro, fallecido a los 34 años en junio de 1939.
La masacre de Oradour-sur-Glane
El estudio dedica un capítulo a la masacre de Oradour-sur-Glane, cometida el 10 de junio de 1944 por la división SS “Das Reich”. Aquel día, 642 personas —hombres, mujeres y niños— fueron asesinadas y el pueblo arrasado. Entre los muertos había una veintena de refugiados españoles, varios de ellos aragoneses.
Destaca la familia Gil Espinosa, originaria de Alcañiz, integrada por Joaquín Gil Egea y Francisca Espinosa, junto a sus hijas gemelas Pilar y Francisca, de 14 años. Las tres murieron dentro de la iglesia incendiada por los nazis. También falleció Carmen Espinosa Juanos, de 30 años, pariente cercana del matrimonio. El padre, Joaquín Gil, logró sobrevivir y se refugió en Limoges.
Otra familia aragonesa asesinada fue la de Juan Téllez Domínguez, natural de Zaragoza, militante de la CNT. Murió junto a su esposa María Domínguez y sus hijos Miguel, Antonia y Liberto, este último nacido ya en el exilio.
Nombres que no deben olvidarse
En total, el listado que Calvo Gascón documenta recoge 73 nombres aragoneses. Entre ellos figuran trabajadores, campesinos, alcaldes, militantes sindicales, mujeres y niños. Algunos de los lugares de nacimiento más repetidos son Zaragoza, Huesca, Teruel, Mazaleón, Sariñena, Alcañiz, Quinto de Ebro, Pina de Ebro o Fraga.
La mayoría murieron entre 1939 y 1940, aunque algunos —como Manuel Canudo, de Colungo— perecieron años después por bombardeos alemanes en ciudades como Caen.
En su epílogo, el autor concluye que la memoria de estos refugiados debe servir como advertencia frente a los nuevos exilios y la indiferencia de las instituciones ante los desplazamientos forzados. “Que las imágenes y las experiencias de nuestros mayores, que también fueron refugiados repudiados, nos sirvan de vacuna contra la injusticia”, escribe Calvo Gascón.