Visita obligada: el pueblo de Huesca con dólmenes, cuevas y aldeas abandonadas

Este municipio se encuentra en el Valle de Canfranc y es conocido tanto por su belleza natural como por su riqueza histórica.
Vistas desde Villanúa. / Turismo Aragón
Vistas desde Villanúa. / Turismo Aragón

En pleno Pirineo, rodeado de montañas, valles y paisajes naturales impresionantes, se encuentra un pintoresco pueblo lleno de historia, leyendas y tesoros arqueológicos. A menudo, los destinos más mágicos son aquellos que aún conservan su esencia ancestral, y este lugar, con su arquitectura de piedra, sus monumentos megalíticos y sus grutas ocultas, parece haber salido directamente de un cuento. 

Este municipio se encuentra en el Valle de Canfranc y es conocido tanto por su belleza natural como por su riqueza histórica. A lo largo de sus estrechas calles empedradas y su casco antiguo bien conservado, se respira una atmósfera de tranquilidad, un reflejo de su modo de vida rural. Villanúa, cuyo nombre se asocia con los "pueblos pequeños" del Pirineo, destaca por su arquitectura tradicional de piedra y madera, la cual permanece intacta, transportando a sus visitantes a épocas pasadas. En su entorno natural, se pueden encontrar vestigios de civilizaciones anteriores, como los tres dólmenes que hay en sus alrededores, testigos de las antiguas costumbres funerarias de la región.

Villanúa es conocido por ser un enclave arqueológico de gran importancia. En su término municipal se pueden encontrar tres dólmenes megalíticos, diseminados en un radio de siete kilómetros, que datan de la Edad del Bronce. Estos monumentos funerarios, construidos con grandes losas de piedra, son una muestra de la riqueza cultural de la zona y de la vida que albergaba el territorio miles de años atrás. El recorrido por estos dólmenes permite a los visitantes no solo disfrutar de un entorno natural privilegiado, sino también conectar con la historia más antigua de la humanidad.

La cueva de las Güixas

Otro de los grandes atractivos de Villanúa es la Cueva de las Güixas, situada a las afueras del pueblo, junto al río Aragón. Esta formación natural, esculpida por la erosión del agua a lo largo de miles de años, ha sido escenario de múltiples leyendas. En tiempos antiguos, se decía que la cueva era el refugio de las "güixas", las brujas de la zona, que se reunían en su interior para llevar a cabo sus rituales.

Hoy en día, la cueva se ha convertido en un punto de interés turístico, donde los visitantes pueden explorar sus sorprendentes formaciones geológicas, como estalactitas, estalagmitas y columnas de piedra. Además, la cueva sigue siendo hogar de murciélagos, lo que añade un toque misterioso al lugar. En las noches de luna llena, es fácil imaginar a las antiguas hechiceras saliendo de su refugio subterráneo, rodeadas por la oscuridad de la montaña.

Aldeas abandonadas

Villanúa también guarda los vestigios de su pasado medieval en las aldeas abandonadas que se encuentran en sus alrededores. Tres pequeñas localidades, Aruej, Cenarbe e Izuel, fueron en su día pueblos prósperos que formaban parte de la ruta del Camino de Santiago, pero hoy son apenas sombras de lo que fueron.

Aruej fue un importante hospital de peregrinos en la Edad Media, y sus ruinas, aunque en gran parte restauradas, siguen siendo un testimonio de la vida que una vez albergó. Cenarbe, al igual que Aruej, era un punto de parada para los peregrinos, y su iglesia en ruinas es uno de los pocos elementos que quedan de él. Izuel, por su parte, está aún más aislada, pero su ermita en pie es la última sobreviviente de una población que desapareció en el olvido.

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