Jorge y Natalia, la pareja que vivía la montaña… y murió por un inesperado alud en Panticosa
La huella en la nieve suele durar poco. Un giro de canto, una parada para ajustar las pieles, una foto rápida antes de seguir ganando altura… y el viento lo borra casi todo. Este lunes, en el pico Tablato, muy cerca del balneario de Panticosa, esa huella se convirtió en tragedia: un alud sepultó a tres esquiadores de un grupo que practicaba esquí de montaña.
Murieron Jorge García-Dihinx (Zaragoza, 1970), su pareja, la corredora Natalia Román (36 años), y Eneko Arrastua (48 años), vecino de Irún.
El rescate confirmó lo que nadie quiere escuchar cuando el Pirineo se cierra a golpe de frío: que la montaña no negocia. El grupo lo formaban seis personas; dos salieron ilesas y una mujer fue evacuada herida con síntomas de hipotermia en helicóptero.
El divulgador que predicaba hábitos… y los vivía
García-Dihinx no era un nombre anónimo entre los aficionados a la montaña. Pediatra y especializado en Nutrición en el Hospital San Jorge de Huesca, había construido una comunidad gigantesca en redes —alrededor de 370.000 seguidores en Instagram— a base de una fórmula tan simple como exigente: coherencia.
En su perfil hablaba de alimentación, colesterol, sueño, ritmos circadianos y ejercicio, pero no desde el púlpito del consejo fácil, sino desde la vida cotidiana y, muy a menudo, desde el monte.
Sus publicaciones mezclaban ciencia y barro: datos y rutas. La misma cuenta que un día explicaba por qué importa dormir bien, al siguiente aparecía en una cresta, en una salida de trail, o calzándose los esquís para subir donde la nieve todavía aguanta. Esa manera de comunicar —con la mochila puesta— lo convirtió en un referente para miles de personas que buscaban mejorar hábitos sin discursos vacíos.
Natalia Román, el “movimiento permanente” entre Alpes y Pirineos
A su lado estaba Natalia Román, zaragozana (de Casetas) y residente en Suiza, con un perfil que encajaba en esa misma idea de vivir el deporte como forma de estar en el mundo. Román se había hecho un nombre en el trail de larga distancia y, en particular, en el Gran Trail Trangoworld Aneto-Posets (GTTAP), una de las citas de referencia del calendario pirenaico. En 2019, por ejemplo, fue ganadora en la modalidad reina y revalidó victoria.
En sus propios espacios —incluido su blog, donde compartía experiencias de montaña y vida activa— también había hablado de un reto añadido: convivir con diabetes tipo 1 sin renunciar a competir. La montaña, para ella, no era solo un escenario; era un idioma.
Qué ocurrió: placas que se rompen “en láminas”
La explicación técnica llegó desde el Gobierno de Aragón. El director general de Interior, Miguel Ángel Clavero, apuntó que no era necesario un gran espesor de nieve para que el riesgo exista: con días de frío y nevadas es habitual que se formen placas “en láminas”; una capa se fractura, desliza sobre las otras y arrastra lo que encuentra encima. Es el tipo de accidente que llega rápido y deja margen mínimo de reacción.
En redes, donde García-Dihinx había relatado tantas salidas, la noticia cae con una crudeza especial: el canal pensado para celebrar el esfuerzo y la salud se convierte, de pronto, en un lugar de duelo. Hay algo particularmente difícil de aceptar en estas muertes: no hablan de imprudencia caricaturesca, sino de gente experimentada que conocía el terreno y, aun así, quedó a merced de una falla invisible bajo los esquís.
La montaña seguirá ahí mañana. Pero hoy, en el Pirineo oscense, queda una lección amarga: el deporte que amaban —el esquí de montaña, esa forma de ganar altura con paciencia y técnica— también convive con el riesgo más antiguo del invierno. Y, a veces, la nieve no deja ni siquiera escribir el final.