Nueva vida del hotel monumento más francés que hay en Aragón: la culpa es de Rubén Pertusa
Este gran hotel inicia una nueva etapa con apertura todo el año y una apuesta gastronómica liderada por el chef Rubén Pertusa.
En pleno Pirineo aragonés, hay un hotel que parece sacado de los Alpes franceses. Fachada clásica, aire decimonónico y un entorno de alta montaña que refuerza esa sensación. Es el Gran Hotel del Balneario de Panticosa, uno de los edificios más emblemáticos de Aragón, que ahora inicia una nueva etapa marcada por un cambio clave: la gastronomía. Y ahí aparece un nombre propio: Rubén Pertusa.
Un icono del siglo XIX que vuelve a reinventarse
El Gran Hotel no es un alojamiento cualquiera. Inaugurado en 1895, forma parte del histórico Balneario de Panticosa y ha sido reconocido como Hotel Monumento, una distinción que solo tienen tres establecimientos en todo Aragón.
Situado a más de 1.600 metros de altitud, junto al Ibón de Baños, el complejo siempre ha sido un referente del turismo termal y de montaña. Ahora, sin embargo, el objetivo es otro: dejar de ser un destino estacional para convertirse en un lugar abierto todo el año.
Abrir los 365 días: el gran cambio
La principal novedad de esta nueva etapa es clara: el hotel abrirá de forma ininterrumpida durante todo el año, encadenando la temporada de esquí con la primavera, el verano y el otoño.
Este movimiento busca romper con la dependencia del invierno y posicionar el balneario como un destino global, donde se combinan naturaleza, bienestar y experiencia.
La “culpa” es de la cocina (y de un chef)
Pero si hay un elemento que explica este giro, ese es la gastronomía. El hotel ha reforzado su apuesta culinaria con la reapertura del Restaurante El Lago, liderado por el chef oscense Rubén Pertusa.
Su propuesta no es convencional: un menú degustación de autor, basado en producto, técnica y creatividad, que se sirve con vistas directas al Ibón de Baños.
Platos como trucha imperial, ciervo o elaboraciones con producto local forman parte de una experiencia que busca elevar el nivel gastronómico del complejo.
La llegada de Pertusa no es anecdótica. Según el propio balneario, ha supuesto un “cambio radical” en la oferta culinaria, convirtiéndose en uno de los pilares de esta nueva etapa.
De balneario clásico a destino experiencial
El Gran Hotel mantiene su esencia —fachada original, entorno natural, espacios termales—, pero redefine su propuesta. El objetivo ya no es solo alojar, sino ofrecer una experiencia completa.
A ello contribuye su espacio termal, concebido como uno de los grandes atractivos del complejo, y la integración con el entorno: montaña en invierno, senderismo en verano y relax todo el año.
El Pirineo más europeo
Parte del atractivo del Gran Hotel está en su estética. Su arquitectura y ubicación lo acercan más a un hotel alpino que a un destino habitual en Aragón.
Ese aire “francés” —o centroeuropeo— es precisamente uno de sus valores diferenciales. Un lugar que rompe con la imagen tradicional del turismo en la comunidad.
Una nueva etapa para un clásico
El Balneario de Panticosa lleva años buscando reinventarse. Ahora, con la apertura continua y una apuesta clara por la gastronomía de autor, parece haber encontrado una vía para hacerlo.
Un hotel histórico que no renuncia a su pasado, pero que intenta adaptarse al presente. Y en ese cambio, la cocina —y el nombre de Rubén Pertusa— se han convertido en protagonistas.

