Perfil | Pepe Soro deja la política: adiós a un buen parlamentario y acreedor de Aragón

El 8 de febrero, cuando se repartan escaños y comiencen nuevos ciclos, Aragón también cerrará uno: el de un político que buscó ser útil más que brillante
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El 8 de febrero, cuando Aragón celebre sus primeras elecciones anticipadas, faltarán algunas figuras que han influido en la política de la última década. Uno de ellos es José Luis -Pepe- Soro. No habrá papeleta con su firma, ni será él quien suba a la tribuna a medir los silencios en el hemiciclo. Se va sin romper nada, sin destruir puentes, con una despedida que se siente más como el cierre de una etapa que como una salida.

Soro es una de esas personas que no se definen solo por su cargo, sino por su trayectoria. Militante de Chunta Aragonesista desde 1994, ha desempeñado distintos roles, desde tareas orgánicas hasta asesoramiento jurídico, antes de dar el salto al Parlamento. Ha sido diputado en las Cortes de Aragón desde 2011.

En 2012, durante la IX Asamblea Nazional, fue elegido presidente de CHA y mantuvo esa responsabilidad hasta 2020. Sucedió a Nieves Ibeas y luego cedió el cargo a Joaquín Palacín. Su figura quedó asociada a una fecha importante: 2015. Tras las elecciones autonómicas, CHA entró por primera vez en un Gobierno de Aragón, y Soro se convirtió en el primer consejero de la historia del aragonesismo de izquierdas.

Su cartera incluía Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda: un ámbito tan amplio como político, tan técnico como simbólico, lleno de mapas y decisiones. Repitió en 2019 con el segundo Ejecutivo de Javier Lambán y se mantuvo en el cargo hasta 2023. Un hilo conductor en su gestión ha sido la idea de "conectar" Aragón: unir pueblos, comarcas y expectativas. Quedarán proyectos de su etapa como consejero, tanto por su impacto histórico como por su carga emocional.

Uno de esos proyectos fue la resignificación de la estación internacional de Canfranc, una obra que iba más allá de lo arquitectónico. Era una manera de devolverle al territorio una promesa histórica. Impulsó la reforma integral, los nuevos andenes y el primer paso hacia la reapertura de la línea internacional. En su círculo más cercano, Canfranc fue descrita como “el gran viaje” político de Soro. Sin embargo, le quedó el amargo sabor de no ver completado el enlace ferroviario, debido a los retrasos y promesas incumplidas en ambos lados de la frontera.

Quienes le han escuchado en las Cortes destacan un rasgo: su oratoria. No solo hablaba bien; sabía cuándo hacerlo, cómo construir sus argumentos y, sobre todo, cómo expresar sus ideas sin alterar el clima político. En un Parlamento acostumbrado a las peleas, Soro se ganó el reconocimiento, incluso de sus oponentes, como uno de los mejores portavoces del hemiciclo. Tras las elecciones de 2023, con CHA fuera del Ejecutivo, asumió la Portavocía parlamentaria y la mantuvo hasta el último pleno antes de la disolución de las Cortes.

Su despedida no ha sido un acto solemne; ha sido un último día de trabajo, un cierre de capítulo en el lugar donde su política se expresaba mejor: la tribuna. En un tiempo de confrontaciones, incluso quienes no comparten su ideología han descrito a Soro como un político con buen carácter y diálogo, poco dado a golpes de efecto.

Mantuvo un perfil ideológico claro—aragonesista y socialdemócrata—, pero lo combinó con un pragmatismo poco común: buscaba acuerdos sin renunciar a lo esencial. Una imagen recurrente entre quienes le conocen es que una conversación con él “era un camino de armonía”. No era tanto complacencia, sino una forma de persuadir sin levantar la voz. Este estilo le dio influencia, aunque no siempre protagonismo.

Soro deja la primera línea institucional, pero no se separa del partido. En el corto plazo, se quedará en la Diputación Permanente, el órgano que mantiene cierta actividad parlamentaria durante el tiempo en el que las Cortes están disueltas. Mientras tanto, en CHA comienza una etapa de renovación electoral. Suena con fuerza el nombre de Jorge Pueyo y el partido ya mira su calendario interno, con renovación de órganos prevista para 2028.

En política, el ruido a menudo oculta lo importante. Por eso, la despedida de Pepe Soro es inusual: se marcha sin estruendo, pero deja una lista de logros que han estructurado debates y presupuestos durante años. Se despide un buen parlamentario, de los que elevan el nivel del debate, y un gestor que entendió Aragón desde una perspectiva territorial, no solo electoral.

El 8 de febrero, cuando se repartan escaños y comiencen nuevos ciclos, Aragón también cerrará uno: el de un político que buscó ser útil más que brillante, y que, por ello, se convierte en una parte importante del Aragón que hoy se mueve—a veces soñando—un poco mejor conectado.

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