El Plan Pirineos, la joya política que quiere blindar Azcón y que no estará en manos de Vox
Cuando el acuerdo PP-Vox entregó a la formación de Alejandro Nolasco la Consejería de Medio Ambiente y Turismo, el Plan Pirineos quedó en una posición incómoda. El proyecto más ambicioso del primer Gobierno de Azcón para las comarcas del norte de Huesca —con una inversión ya contemplada y en ejecución de 200 millones de euros— iba a quedar bajo el paraguas de una consejería gestionada por su socio de gobierno, no por el PP. Y eso, para Azcón, no era una opción.
La solución ha sido moverlo. El Plan Pirineos pasará a depender de la Consejería de Presidencia, bajo control directo del PP y del propio Azcón. Un movimiento que no es solo organizativo sino profundamente político: el presidente reelegido blinda su proyecto estrella del norte de la comunidad y lo aleja de la órbita de Vox antes incluso de que el nuevo Gobierno tome posesión el lunes.
La decisión tiene también una segunda lectura. Bermúdez de Castro, consejero de Hacienda en funciones y uno de los hombres fuertes del Ejecutivo aragonés, es uno de los principales impulsores del Plan Pirineos. Su previsible continuidad en Hacienda en el nuevo Gobierno añade un respaldo institucional adicional a un proyecto que, según sus propias palabras, va mucho más allá del turismo. "El Plan Pirineos no solamente es turismo. El plan Pirineos es servicios sociales, el plan Pirineos es sanidad, el plan Pirineos es agricultura, el plan Pirineos es educación", declaró recientemente.
Con ese enfoque, ubicar el plan en Turismo de la mano de Vox habría sido, en cualquier caso, una contradicción como gran joya política que quiere mimar el PP. Pasarlo a Presidencia resuelve ese problema de fondo.
Qué es el Plan Pirineos y qué ha hecho hasta ahora
El Plan Pirineos es la iniciativa estratégica del Gobierno de Aragón para transformar las cuatro comarcas del norte de Huesca —Jacetania, Alto Gállego, Sobrarbe y Ribagorza— en un motor de desarrollo económico y social. Su objetivo declarado es doble: desestacionalizar el turismo y mejorar los servicios para los habitantes de la zona, que llevan décadas sufriendo despoblación, falta de infraestructuras y una economía excesivamente dependiente de la nieve.
La inversión inicial fue de 75 millones de euros y ha llegado a 200 millones. Los proyectos abarcan múltiples sectores. En turismo, los más llamativos son la unión de las estaciones de Astún y Candanchú, la telecabina de Benasque y la construcción de un tobogán alpino en Panticosa.
En infraestructuras, la mejora de carreteras estratégicas como el acceso a Castanesa y el desarrollo de vías verdes para ciclistas y excursionistas, entre ellas la que unirá los ríos Cinca y Ara.
En vivienda, la creación de alojamiento para trabajadores del sector turístico, uno de los problemas más acuciantes de los valles pirenaicos en temporada alta.
Bermúdez de Castro reconoció recientemente que en los primeros dos años y medio de legislatura el gran esfuerzo del Plan Pirineos se concentró en turismo, "aprovechando los planes turísticos que venían, los fondos disponibles y la capacidad de recursos".
Pero dejó claro que la siguiente fase apunta en otra dirección: "A partir de ahora, si uno analiza la práctica totalidad de los proyectos que hemos hecho en las cuatro comarcas pirenaicas, hay muchos de ellos que no se circunscriben al invierno, que son para que todo el año se pueda vivir el Pirineo."
Un proyecto que trasciende la nieve
Esa es precisamente la ambición que justifica el traslado a Presidencia. Un plan que afecta a la sanidad, la educación, la agricultura, los servicios sociales y las infraestructuras de cuatro comarcas no puede gestionarse desde una sola consejería sectorial. Necesita coordinación transversal, capacidad de decisión sobre múltiples departamentos y el respaldo político directo del presidente.
Presidencia ofrece todo eso. Y el hecho de que Bermúdez de Castro, desde Hacienda, siga siendo uno de sus impulsores añade una capa de continuidad a un proyecto que, con el cambio de legislatura, podría haber perdido impulso si hubiera quedado en manos de Vox.
Para las comarcas pirenaicas —Jacetania, Alto Gállego, Sobrarbe y Ribagorza— la noticia es relevante. Significa que el proyecto que más directamente afecta a su futuro económico y demográfico seguirá siendo una prioridad política de primer nivel en el nuevo Ejecutivo, con el propio presidente como garante de su desarrollo. En un territorio acostumbrado a ver cómo las promesas institucionales se diluyen con los cambios de gobierno, esa garantía tiene un valor que va más allá de los organigramas.
Azcón y su apuesta personal por el Pirineo
El traslado del Plan Pirineos a Presidencia no es una decisión técnica. Es una declaración de intenciones. Azcón ha convertido el desarrollo del Pirineo aragonés en uno de los ejes vertebradores de su proyecto político y no está dispuesto a que el reparto de carteras con Vox diluya esa apuesta.
El mensaje que lanza con este movimiento es doble. Hacia dentro del Gobierno: que hay proyectos que no se negocian en el reparto de consejerías. Hacia el Pirineo aragonés: que las cuatro comarcas del norte de Huesca seguirán teniendo al presidente como interlocutor directo, sin intermediarios de otro partido entre medias.
En política, donde se ubica un proyecto en el organigrama dice tanto como el propio proyecto. Y Azcón ha elegido tenerlo en casa.

