El pozo natural de Aragón que parece sacado de la Riviera Maya: joya oculta
En ocasiones, los paisajes más exóticos no requieren billetes de avión ni largos viajes. Aunque se suele asociar ciertas maravillas naturales a lugares remotos del planeta, como el sudeste asiático o América Central, lo cierto es que la geografía española también alberga sitios sorprendentes. Uno de ellos, poco conocido y aún menos visitado, cautiva por su apariencia selvática y su similitud con los famosos cenotes de la Riviera Maya. Un lugar único en el país, escondido en un entorno natural privilegiado que parece sacado de un cuento tropical.
El pozo de los Aines es conocido como sorprende por su origen geológico y su atmósfera casi mágica. Se trata de una dolina de origen kárstico, con paredes verticales y una boca circular que deja ver un interior donde el agua y la vegetación exuberante conviven en armonía. Este tipo de formaciones, más comunes en México, son resultado de la disolución de rocas calcáreas y yesosas por la acción del agua subterránea, provocando un hundimiento del terreno. En este caso, la naturaleza ha dado lugar a un paraje que escapa a lo que estamos acostumbrados a ver en la península ibérica.
Este lugar, de unos 22 metros de diámetro y una profundidad similar, ha generado a lo largo del tiempo un microclima propio que favorece la presencia de especies vegetales atípicas para la zona. Destaca, entre ellas, el helecho conocido como “lengua de ciervo”, propio de entornos húmedos y con temperaturas suaves, más habituales en latitudes tropicales. Esta vegetación, junto con el agua en el fondo del pozo (visible en ciertas épocas del año) crea una estampa que nada tiene que envidiar a la de los cenotes yucatecos.
Desde el año 2012, este espacio natural pertenece al municipio más cercano, Grisel, que ha tomado medidas para proteger y facilitar la visita del lugar sin alterar su esencia. Se han instalado elementos de seguridad como un vallado de madera y una plataforma desde la que se puede observar el interior del pozo a media altura. Además, hay un mirador próximo que ofrece una panorámica privilegiada del entorno, con vistas al Parque Natural del Moncayo, otra joya del paisaje aragonés.
El acceso es libre, gratuito y sin limitaciones de horario. Las estaciones más recomendables para visitarlo son la primavera y el otoño, cuando el clima es más amable y la vegetación alcanza su punto álgido de esplendor. Durante esos meses, la humedad y la luz dibujan un espectáculo natural que merece la pena presenciar.
Para llegar hasta este rincón escondido, basta con desplazarse hasta la comarca de Tarazona y el Moncayo, en la provincia de Zaragoza. El punto de referencia más cercano es la localidad de Grisel, situada a tan solo cinco kilómetros de Tarazona y a unos 80 de la capital aragonesa. Se puede acceder fácilmente en coche por la A-68, tomando después la N-122 hasta llegar a un desvío señalizado hacia Grisel. Una vez allí, hay dos alternativas para alcanzar el pozo: bordear el pueblo por una variante o atravesar el casco urbano hasta la calle San Antón, desde donde parte un sendero que conduce al campo de olivos donde se esconde esta joya geológica.


