El puente medieval más largo de Aragón: escondido en un pueblo del Pirineo

Fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 2002
Su puente medieval es el más largo de Aragón. / Turismo de Aragón
Su puente medieval es el más largo de Aragón. / Turismo de Aragón

En pleno Pirineo aragonés se encuentra una de las construcciones más sorprendentes del patrimonio medieval de Aragón. No se trata de una catedral, ni de una fortaleza, sino de una obra civil que ha resistido el paso de los siglos con elegancia y solidez. Su silueta, perfectamente integrada en el entorno natural, ha sido testigo del ir y venir de generaciones enteras. 

Esta obra es el puente románico de Capella, situado en la comarca de la Ribagorza (Huesca), un municipio que bien podría considerarse un museo al aire libre del patrimonio rural del Alto Aragón. Este puente, declarado Bien de Interés Cultural en 2002, no solo destaca por su antigüedad o por su cuidada factura, sino por ser el más largo de su tipo en toda la comunidad autónoma. Con sus más de 60 metros de longitud, se alza sobre las aguas del río Isábena con una elegancia que lo convierte en todo un emblema local.

Construido entre los siglos XIII y XIV, este puente medieval impresiona por sus ocho arcos de medio punto, que van decreciendo en tamaño desde el central —el mayor de todos, con cerca de 20 metros de amplitud— hasta los laterales. Su calzada, estrecha y empedrada, sigue conservando el firme original de cantos rodados, lo que acentúa aún más la experiencia de caminar sobre él, como si uno estuviera cruzando una puerta al pasado.

Uno de los elementos más llamativos de su arquitectura es su “lomo de asno”, una forma abombada característica de los puentes medievales, pensada para favorecer la resistencia estructural y permitir el paso del agua en épocas de crecida. Además, incorpora espolones triangulares en su base, diseñados para soportar mejor el empuje de las aguas del deshielo, muy frecuentes en esta zona del Pirineo. Aunque en su origen fue concebido para el tránsito de personas, ganado y carros, hasta hace no mucho seguía siendo utilizado incluso por vehículos agrícolas.

Más allá de su valor histórico y técnico, el puente de Capella es un verdadero espectáculo visual. Desde cualquier punto, ya sea desde los senderos cercanos, el cauce del río o incluso desde el aire. No es de extrañar que se haya convertido en una parada obligatoria para quienes recorren las rutas del románico aragonés.

El pueblo de Capella, con apenas 350 habitantes, es también conocido como “el pueblo de los puentes”. Su casco urbano, formado por calles empedradas y casas de piedra, conserva todo el encanto de los núcleos rurales tradicionales del Alto Aragón. Entre sus atractivos destaca la Iglesia Parroquial de San Martín, que combina elementos románicos, góticos y renacentistas. En su interior se encuentra un valioso retablo del siglo XVI atribuido al pintor Pere Nunyes. A las afueras, la Ermita de San Martín de la Sierra y otras ermitas en ruinas ofrecen una ruta ideal para los amantes del patrimonio y la naturaleza.

Los alrededores de Capella son igualmente interesantes. Lugares como la Cartuja de Nuestra Señora del Llano o el Castillo de Laguarres complementan una escapada perfecta para quienes buscan turismo tranquilo, rutas a pie o en bicicleta y actividades al aire libre como la observación de aves.

Comentarios