Sánchez se va dos semanas de vacaciones en Navidad: sin agenda pública y con el PSOE en crisis interna
Pedro Sánchez cerró esta semana la puerta de La Moncloa y abrió, oficialmente, el paréntesis navideño. Lo hizo con un gesto ya habitual: la videoconferencia con las tropas españolas desplegadas en misiones internacionales de paz y ayuda humanitaria.
A partir de ahí, silencio. Según confirman fuentes gubernamentales a distintos medios, el presidente no tendrá agenda pública durante dos semanas, hasta el 6 de enero, fecha en la que reaparecerá en la Pascua Militar, el acto que cada año preside el Rey.
No es una ausencia improvisada, pero sí más temprana que en ejercicios anteriores. En los últimos años, Sánchez había reservado los días previos a Nochevieja para su tradicional rueda de prensa de balance anual. En 2023 y 2022 compareció el 27 de diciembre; en 2021 y 2020, el 29. En 2024 adelantó el balance al día 23.
Este año lo hizo antes que nunca: el 15 de diciembre, anticipando vacaciones y evitando una comparecencia pública posterior al mal resultado del PSOE en las elecciones extremeñas, que ya entonces pronosticaban todas las encuestas salvo el CIS.
Desde entonces, la actividad pública del presidente ha sido mínima. El pasado lunes se limitó a una breve declaración institucional para anunciar dos cambios en el Ejecutivo: la designación de Elma Saiz como nueva portavoz del Gobierno, en sustitución de Pilar Alegría, y el nombramiento de Milagros Tolón como ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes.
Silencio sobre el descanso y tradición personal
Desde Moncloa insisten en que no informan sobre la agenda privada del jefe del Ejecutivo, ni siquiera para confirmar si pasará parte de las vacaciones en la residencia oficial de La Mareta, en Lanzarote. Lo que sí es conocido es que Sánchez suele aprovechar estas fechas para viajar al Pirineo, donde practica deportes de nieve y bicicleta de montaña, aficiones que comparte con su esposa, Begoña Gómez.
El año pasado estuvo en la estación de esquí de Cerler, la más alta del Pirineo aragonés. Una circunstancia que este año adquiere lectura política: Aragón se encuentra en plena precampaña electoral, con comicios autonómicos previstos para el 8 de febrero y con un panorama poco favorable para el PSOE, cuya candidata es Pilar Alegría. Todas las encuestas apuntan a una clara victoria del actual presidente autonómico, Jorge Azcón, aunque sin mayoría absoluta.
Problemas que no se van de vacaciones
El descanso llega con una mochila política pesada. El presidente deja en pausa —solo temporalmente— la digestión del desastre electoral del PSOE en Extremadura, que ha reactivado a los sectores críticos del partido. La dimisión del líder regional, Miguel Ángel Gallardo, ha sido considerada insuficiente por parte del socialismo histórico.
Esta semana, el exministro Jordi Sevilla dio un paso al frente al anunciar que impulsa un movimiento interno para devolver al PSOE a la “socialdemocracia”, una formulación que muchos interpretan como una enmienda directa al sanchismo. A ello se suma la polémica propuesta del expresidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que planteó la abstención del PSOE para facilitar la investidura de María Guardiola y evitar que dependa de Vox.
La dirección del PSOE y el Gobierno cerraron rápidamente esa posibilidad, aunque con un coste evidente: la contradicción entre denunciar el avance de la ultraderecha y aceptar pactos que la incluyen como socio necesario.
Socios inquietos y tensión en la coalición
El golpe en Extremadura —36 % de voto para la izquierda frente a un 60 % de la derecha— ha sacudido también a los socios parlamentarios del Ejecutivo. Podemos ha llegado a afirmar que el Gobierno “está muerto”, mientras que Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, lanzó una advertencia directa al presidente: “Resistir no es una estrategia”.
La relación con Yolanda Díaz tampoco atraviesa su mejor momento. Sánchez ha ignorado la petición de la vicepresidenta para acometer una remodelación profunda del Ejecutivo tras los últimos escándalos de corrupción, entre ellos el encarcelamiento de José Luis Ábalos, varias detenciones en su entorno y la entrada de la UCO en ministerios y empresas públicas.
Formalmente, Pedro Sánchez está de vacaciones. Políticamente, no. A su regreso, el 6 de enero, los problemas seguirán exactamente donde los dejó. Y el calendario, esta vez, corre en su contra.


