El yihadismo repunta en España: de la alerta en Huesca a las cifras tras el 11-M

La clave del trabajo antiterrorista está en un seguimiento exhaustivo del entorno digital.

La amenaza del terrorismo yihadista vuelve a situarse en el centro del debate sobre la seguridad nacional tras las dos últimas operaciones desarrolladas en Huesca y Melilla. Ambas han confirmado un patrón que preocupa a los servicios de Información: radicalización acelerada, perfiles cada vez más jóvenes y una creciente voluntad de adquirir armas reales.

Huesca: un vigilante de seguridad radicalizado que buscaba armas de fuego

El pasado 20 de octubre, la Policía Nacional detuvo en Huesca a un español de 24 años, converso al islam, que había adoptado el nombre de Omar. Trabajaba como vigilante de seguridad y había expresado abiertamente su deseo de “hacer la yihad” y convertirse en “mártir”.

Los agentes detectaron durante meses su creciente radicalización en chats de Telegram y búsquedas para comprar armas. Según una fuente de la Policía Nacional conocedora del caso, "este individuo había dado un salto cualitativo: ya no solo consumía propaganda, sino que buscaba activamente medios para causar daño real".

Los seguimientos revelaron que realizaba entrenamientos paramilitares con réplicas de rifles de aire comprimido. Para los investigadores, era un indicio clave: "Cuando empiezan a entrenarse, aunque sea con réplicas, el riesgo es inminente; la transición a un arma real puede llegar en cualquier momento", explican desde la Comisaría General de Información.

Melilla: tres hermanos, uno menor, inmersos en propaganda del Estado Islámico

Nueve días después, el 29 de octubre, la Policía detenía en Melilla a tres hermanos, uno de ellos menor de edad, profundamente radicalizados. No solo consumían contenido del Estado Islámico: también lo editaban, lo difundían y lo acompañaban de imágenes propias con machetes de gran tamaño.

Una fuente policial resume su peligrosidad: "No eran simples consumidores. Habían pasado a la fase de producción de propaganda, un indicador de radicalización avanzada que puede preceder a conductas más graves".

2025, entre los años con más detenidos desde el 11-M

Con estas actuaciones, España suma 58 operaciones antiterroristas y 94 detenidos a fecha 1 de noviembre de 2025. La cifra asciende a 106 si se incluyen los arrestos en el extranjero dentro de investigaciones coordinadas. Es el segundo año con más detenciones desde los atentados del 11-M en 2004. Fuentes de la Policía Nacional subrayan que "el trabajo es diario, invisible y extremadamente técnico. Nuestro objetivo es siempre adelantarnos al hecho violento".

La clave del trabajo antiterrorista está en un seguimiento exhaustivo del entorno digital. Telegram, foros privados y redes sociales son hoy el principal caldo de cultivo. Desde el área especializada en radicalismo violento señalan que "la radicalización actual sucede en un teléfono móvil, en la habitación de un adolescente, sin salir de casa y sin contacto físico con estructuras organizadas".

La vigilancia se extiende también a las comunidades religiosas. "Tenemos canales de confianza y contactos permanentes en centros de culto para detectar cualquier comportamiento sospechoso", explican desde la Policía.

Un perfil que cambia: más jóvenes, más españoles

El Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo confirma un giro importante: por primera vez en 2023, la nacionalidad más repetida entre detenidos por terrorismo yihadista fue la española, tendencia que creció en 2024, cuando el 44% de los arrestados eran ciudadanos españoles.

España mantiene desde junio de 2015 el nivel 4 de alerta antiterrorista, que implica dispositivos reforzados en infraestructuras críticas, transporte, aeropuertos y eventos multitudinarios. Mientras Francia recordaba esta semana el décimo aniversario de los atentados de 2015, España continúa en una vigilancia intensa y en coordinación permanente entre Policía Nacional, Guardia Civil y CNI.

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