La "Tierra Santa" de Aragón está en Uncastillo y solo unos pocos la conocen

Un arqueólogo descubrió que los pastores de Uncastillo conservan, sin saberlo, una tradición que viene de la Edad del Hierro.
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Uncastillo / Turismo de Aragón

En lo alto de los montes que rodean Uncastillo, en la comarca zaragozana de las Cinco Villas, hay un rincón donde el tiempo parece haberse detenido. Los pastores de la zona lo conocen como el "Corral de Mola", y desde hace generaciones, evitan pisar aquel terreno al que llaman "Tierra Santa". Dicen que allí hay 'muertos', y lo hacen con un respeto tan profundo que ni siquiera cruzan por el lugar cuando guían sus rebaños.

Lo curioso es que esta creencia no es reciente. Según el arqueólogo José I. Royo Guillén, autor del estudio Una pervivencia indoeuropea en la endocultura pastoril: la leyenda del Corral de Mola (Uncastillo, Zaragoza), publicado en el Museo Provincial de Zaragoza, esta tradición podría tener su origen en tiempos prehistóricos, hace casi tres mil años.

Una necrópolis bajo los pies de los pastores

Todo comenzó en 1977, cuando el propio Royo dirigió una excavación de urgencia en el Corral de Mola, donde se descubrió una necrópolis hallstáttica, es decir, un antiguo cementerio de la Edad del Hierro (siglos VIII-VII a.C.).

Durante aquellos trabajos, el arqueólogo conoció a Luis Pueyo, vecino y conocedor de las costumbres locales, quien le contó que los pastores llamaban a esa zona "Tierra Santa" porque allí había muertos. La sorpresa fue mayor cuando, al hablar directamente con uno de ellos, Royo comprobó que era cierto: el hombre se negó a pisar el terreno y llegó a llamar a los investigadores "profanadores de tumbas" por excavar en aquel lugar.

El respeto era tal que, cuando el rebaño pasaba sobre las tumbas, el pastor prefería rodear todo el monte antes que cruzar por encima de la necrópolis. Y lo más llamativo: los agricultores del entorno no sabían nada de esta tradición. Solo los pastores la conocían y la transmitían de padres a hijos, como si guardaran un secreto ancestral.

Una creencia que viene de muy lejos

Royo Guillén se preguntó por el origen de esa superstición. ¿Por qué un grupo de pastores del siglo XX seguía considerando sagrado un terreno donde, siglos atrás, se habían enterrado muertos?

La respuesta, según el investigador, está en la herencia cultural indoeuropea. Las comunidades de la Edad del Bronce y del Hierro, explica Royo, practicaban ritos funerarios basados en el culto a los antepasados y al territorio sagrado de las tumbas. Con el paso del tiempo, y gracias al aislamiento de las zonas pastoriles del Prepirineo, esa creencia se mantuvo viva, aunque su significado original se fue perdiendo.

“Los pastores siguen llamando ‘Tierra Santa’ a la necrópolis, pero ya no saben por qué”, escribe Royo. “Han conservado la costumbre sin recordar el origen de su creencia”.

El investigador también señala que en los alrededores no hay ermitas ni referencias cristianas, lo que demuestra que la tradición es anterior a la llegada del cristianismo. De hecho, hallazgos similares se han documentado en otros puntos del Pirineo, como el dolmen de Rodellar (Huesca), donde también se mantiene el respeto a un antiguo lugar de enterramiento.

Una ventana a la memoria más antigua de Aragón

El estudio del Corral de Mola no solo revela una curiosidad local, sino una huella viva del pasado prehistórico de Aragón. Para José I. Royo, esta historia demuestra cómo las comunidades rurales pueden conservar, sin saberlo, fragmentos de creencias que se remontan a los orígenes de Europa.

El arqueólogo propone seguir investigando otras costumbres pastoriles —como las marcas del ganado o los símbolos tallados en corrales antiguos— para descubrir si esconden también conexiones con culturas desaparecidas.

En el fondo, la leyenda del Corral de Mola es un recordatorio de que, bajo los pasos de los pastores de Uncastillo, todavía late una memoria milenaria: la de un pueblo que, generación tras generación, ha seguido tratando como sagrado el lugar donde descansan sus antepasados, sin saber que su respeto guarda una historia que empezó hace casi tres mil años.

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