Vox se erige como el gran ganador: duplica su resultado y tiene margen para negociar con el PP de Azcón

La aritmética es contundente: Jorge Azcón depende de los diputados de Alejandro Nolasco, candidato aragonés de Vox, para reeditar un Ejecutivo en Aragón.

Vox sale reforzado de las urnas en Aragón y se convierte en el actor decisivo de la nueva legislatura. Como ya ocurrió en Extremadura, el partido de Santiago Abascal logra duplicar su representación, pasando de 7 a 14 escaños, y eleva su porcentaje de voto del 11% en 2023 al 18%.

Un salto que consolida a la formación como llave imprescindible para que la derecha pueda gobernar y que coloca al PP ante un dilema: pactar con Vox en condiciones mucho menos favorables que en el pasado o asumir un escenario de inestabilidad parlamentaria.

El bloque de la derecha se impone con claridad al de la izquierda, pero la lectura interna del resultado es distinta para cada partido. El PP parece haber alcanzado un techo: gana, pero sin mayoría absoluta. Vox, en cambio, atraviesa barreras electorales que hace solo unos años parecían lejanas.

La aritmética es contundente: Jorge Azcón depende de los diputados de Alejandro Nolasco, candidato aragonés de Vox, para reeditar un Ejecutivo en Aragón. Y esa dependencia abre margen de negociación a un partido que, tras romper gobiernos autonómicos, ha sido premiado en las urnas.

El avance de Vox se aprecia incluso en plazas simbólicas. En Teruel, la formación supera al PSOE y se convierte en segunda fuerza, por delante de los socialistas. Lo hace con 3.737 votos, casi mil más que el PSOE.

En Zaragoza, Vox también sube con fuerza: crece cuatro puntos hasta alcanzar el 15%, mientras el PSOE cae cinco y se queda en el 23%. Son datos que refuerzan la idea de un trasvase de voto dentro del bloque conservador y de una izquierda que no logra contener la fuga en territorios donde la movilización y la polarización han sido decisivas.

La fórmula Abascal: mucha calle y mucha presencia

Vox ha aplicado en Aragón la misma receta que ya le funcionó en Extremadura: presencia constante en la calle y centralidad del líder nacional. Según fuentes del partido, desde el 12 de enero, cuando se presentaron los candidatos en Teruel, hasta el 6 de febrero, con el cierre de campaña en Zaragoza, Santiago Abascal participó en 12 ruedas de prensa y 12 mítines en distintos municipios aragoneses. La estrategia buscaba dos objetivos: reforzar la marca nacional y elevar el perfil de Alejandro Nolasco como referente regional.

Abascal ya no hace campaña como en los inicios de Vox, cuando aún era un partido marginal y recurría a formatos improvisados, como el megáfono subido a un banco. En Aragón, los actos han tenido formato de gran movilización y, según la formación, han llegado a desbordar aforos. Es lo que ocurrió en Monzón, donde más de 600 personas acudieron al mitin y alrededor de 400 se quedaron fuera por falta de espacio.

Los lugares elegidos por Abascal para hacer campaña han sido Teruel, Huesca, Jaca, Barbastro, Monzón, Alcañiz, Andorra, Calatayud, Utebo, Tarazona, Ejea y Zaragoza. Desde el equipo electoral de Nolasco aseguran que el presidente de Vox, incluyendo paseos y visitas sin cobertura mediática, “ha podido pasear por más de 60 municipios”. Una campaña intensiva que ha buscado conectar con el voto rural y con el malestar social en comarcas donde Vox se ha afianzado como “alternativa” a los partidos tradicionales.

Inmigración y polarización: el combustible final

La campaña también ha estado marcada por la agenda nacional. El pacto de Pedro Sánchez con Podemos para aprobar por decreto una regularización extraordinaria de inmigrantes irregulares ha servido de impulso a un partido que ha hecho de la política antimigratoria uno de sus ejes. Fuentes de la cúpula de Vox reconocen que el anuncio del “decretazo” les ha venido “de maravilla”, al activar un marco en el que la formación se siente cómoda y en el que el PP aparece, a ojos de su electorado, más ambiguo.

En el campo migratorio, Vox ha buscado presentarse como el partido con la posición más definida, frente a un PP que en el Congreso apoyó en su día la toma en consideración de la ILP de 2024 que proponía una regularización similar, un gesto que ahora choca con el endurecimiento discursivo de los populares ante el empuje de Vox.

La inmigración fue, de hecho, un tema protagonista hasta el último día. En el mitin de cierre en Zaragoza, Abascal cargó contra la gestión del Gobierno y justificó la ruptura de los ejecutivos autonómicos en los que Vox participaba: “Ayer, ocho funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía, bien preparados, fueron agredidos y heridos en un centro de menas. Esa es la razón por la que abandonamos el Gobierno de Aragón, porque no queríamos contribuir al reparto de la ruina y la inseguridad de toda España y porque no pudimos soportar que el señor Feijóo, colaborando con las políticas de invasión de Sánchez, le diera la orden al señor Azcón de que rompiese los compromisos con Vox y de que nos mintiera”.

¿Gobierno o pacto de medidas?

Con las negociaciones bloqueadas en Extremadura, la gran pregunta ahora es cuál será el desenlace en Aragón. Fuentes próximas a la dirección de Vox ya advertían antes de la cita electoral de que “entrar o no en el gobierno dependerá del número de diputados”. La lectura interna es clara: gobernar desgasta, y Vox acaba de demostrar en las urnas que su decisión de romper coaliciones autonómicas no solo no le penaliza, sino que le beneficia.

Con 14 escaños y un PP obligado a entenderse con ellos, Vox llega a la negociación con más fuerza que nunca. Y Aragón se convierte, de nuevo, en el laboratorio donde se mide el equilibrio real del bloque de derechas: si se traduce en Gobierno, en pacto de legislatura o en un pulso prolongado que mantenga la comunidad en un horizonte incierto.

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