Calatayud esquiva la crisis del mildiu y gana competitividad frente a otras DOP
Calatayud ha cerrado la vendimia de 2025 con 7 millones de kilos de uva, un 7,6% más que el año anterior. Pero la cifra no es lo más relevante. Lo que marca la diferencia esta campaña es la calidad del fruto, que el secretario de la DOP, Javier Lázaro, califica como “posiblemente la mejor de los últimos diez años”.
El dato contrasta con lo ocurrido en otras denominaciones aragonesas y del norte peninsular —como Campo de Borja, Cariñena o La Rioja—, donde el mildiu ha provocado pérdidas considerables y un notable incremento de los costes de tratamiento. En cambio, los viñedos bilbilitanos apenas se han visto afectados por la enfermedad, lo que ha permitido mantener un estado sanitario excelente y reducir la inversión en fitosanitarios.
“El fruto ha presentado un estado sanitario muy bueno; no hemos tenido que intervenir más de lo normal”, explica Lázaro.
Una ventaja competitiva en un año difícil
El mildiu, provocado por un hongo que prolifera con la humedad, ha sido el gran enemigo de las bodegas este año. En zonas más húmedas del valle del Ebro, ha obligado a multiplicar los tratamientos y asumir pérdidas de hasta el 30% del rendimiento. Calatayud, sin embargo, ha salido indemne gracias a su altitud, su clima seco y la buena ventilación de los viñedos, factores que han frenado el avance de la enfermedad.
Esa situación se traduce en una ventaja económica directa: menor gasto por hectárea y uvas de mayor calidad, con potencial para mejorar precios en origen y reforzar la competitividad de los vinos de la denominación.
La garnacha, valor seguro
El 80% de la vendimia corresponde a garnacha tinta, la variedad más emblemática de la DOP y uno de los pilares de su identidad. Las condiciones de 2025 han favorecido una maduración equilibrada y un grado alcohólico óptimo, lo que anticipa vinos con gran concentración aromática y excelente capacidad de guarda.
Las variedades blancas (macabeo y garnacha blanca) han supuesto un 6% de la producción, mientras que tempranillo y syrah completan el resto. Con una cosecha de calidad excepcional y un año de estabilidad sanitaria, las bodegas de Calatayud miran al exterior. La DOP exporta ya más del 60% de su producción, y el equilibrio entre volumen y calidad abre la puerta a reforzar presencia en mercados de valor añadido como Reino Unido, Estados Unidos o los países nórdicos.
En un año en que otras zonas han visto mermada su producción, Calatayud emerge como una denominación resiliente y competitiva, capaz de convertir la adversidad climática ajena en oportunidad. “Ha sido una campaña complicada para todos, pero nosotros hemos tenido suerte y saber hacer”, resume Lázaro. “Y eso, en el vino, se nota en la copa y en los números.”

