La guerra de los 'súper' de barrio: cómo el efecto Mercadona está cambiando Alcampo, Eroski y Carrefour
Hace treinta años, el hipermercado era el templo de la compra semanal. Los aparcamientos llenos los sábados, los carritos desbordados, las colas en las cajas. Ese modelo, que llegó a concentrar el 30% de toda la distribución alimentaria en España, ha ido perdiendo terreno de forma sostenida hasta quedarse hoy en apenas el 10,5% del mercado.
Y las propias cadenas que lo impulsaron han decidido que no tiene futuro: Carrefour, Eroski y Alcampo han acelerado sus planes de apertura de supermercados de proximidad para 2026, con más de 325 nuevas tiendas previstas entre las tres solo en este año. El objetivo no declarado, pero evidente, es frenar el avance de Mercadona.
El cambio es estructural, no coyuntural. El consumidor español ha modificado su forma de comprar: menos desplazamientos largos, más visitas frecuentes a tiendas cercanas, cestas más pequeñas y más pensadas.
La pandemia aceleró esa tendencia, el precio de la gasolina la reforzó y el crecimiento del comercio electrónico en alimentación la ha consolidado. En ese nuevo escenario, el supermercado de barrio —con entre 400 y 2.500 metros cuadrados, surtido adaptado al entorno y horarios amplios— ha ganado la partida al gran formato. Hoy hay cerca de 48.500 supermercados en España, con una cuota de mercado que ya supera el 67%.
El giro de las grandes cadenas
Carrefour ha sido la más explícita en su cambio de estrategia. El grupo francés ha lanzado un plan hasta 2030 con el que pretende abrir más de 750 nuevas tiendas de sus formatos Express y Market en España —una media de 150 al año— mientras reconvierte sus hipermercados en espacios especializados en frescos y descuento. El año pasado ya abrió un centenar de supermercados; este año quiere ir más lejos.
Eroski, que ha completado su reestructuración financiera tras años de dificultades, prevé abrir unas 75 nuevas tiendas en 2026, con foco en reforzar su presencia en el norte de España y expandirse en Madrid. Su apuesta pasa en gran medida por el modelo de franquicia, con 50 aperturas previstas bajo ese esquema.
Alcampo, por su parte, planea entre 80 y 100 aperturas anuales, incluyendo por primera vez la apertura de un hipermercado en régimen de franquicia —una novedad que refleja hasta qué punto el modelo de negocio está cambiando incluso para los que lo inventaron.
Las cadenas de supermercados tampoco se quedan quietas
El movimiento no es exclusivo de las cadenas procedentes del mundo del hipermercado. Las cadenas de supermercado puro también aceleran. Dia, que ha vuelto a beneficios tras años de dificultades, abrirá 100 tiendas en 2026 e invertirá hasta 900 millones entre este año y 2029. Lidl prevé unas 50 aperturas, similar al ritmo del año pasado.
Aldi abrirá 40 establecimientos y superará los 536 en total. Consum sumará más de 50 entre tiendas propias y franquicias Charter. Las cooperativas Unide y Covirán también aceleran, con 50 y más de un centenar de aperturas previstas respectivamente.
Y Mercadona es la referencia implícita de todo este movimiento. La cadena valenciana, con una cuota de mercado que supera el 26% y una estrategia de expansión constante, ha marcado el camino que todas las demás intentan seguir o al menos contrarrestar.
Qué significa esto para el consumidor
Para quien compra la despensa cada semana, la consecuencia práctica de toda esta actividad es más opciones cerca de casa y más competencia entre cadenas, lo que históricamente se traduce en mejores precios, más promociones y una oferta más adaptada al entorno local.
La proliferación de supermercados de proximidad también tiene un efecto sobre el tejido comercial de los barrios: donde abre un súper de cadena, la presión sobre el pequeño comercio de alimentación aumenta.
El declive del hipermercado, por su parte, tiene consecuencias sobre los grandes centros comerciales de las periferias urbanas que los acogían. Varios de ellos están en proceso de reconversión parcial —más ocio, más restauración, menos superficie de alimentación— en un intento de adaptarse a unos hábitos de consumo que ya no justifican el desplazamiento de veinte minutos en coche para hacer la compra semanal.
