Mercosur se firma ya… y el campo español tiembla por la letra pequeña

Tras 26 años de negociación, el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur está a punto de firmarse. Bruselas habla de oportunidades históricas. El campo español, de miedo contenido. La razón no está en el titular del pacto, sino en su letra pequeña: importaciones, competencia desigual y cláusulas que generan más dudas que certezas.

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Este sábado, la Unión Europea y el bloque sudamericano Mercosur sellarán en Asunción uno de los acuerdos comerciales más ambiciosos del mundo. Para las instituciones europeas es un hito. Para miles de agricultores y ganaderos españoles, una fuente de inquietud.

No porque el acuerdo sea desconocido —lleva décadas sobre la mesa—, sino porque ahora va en serio.

Qué se firma (y quién lo firma)

La rúbrica tendrá lugar en Paraguay, con la presencia de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del presidente del Consejo Europeo, António Costa. Por parte del Mercosur estarán Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con figuras como el presidente argentino Javier Milei.

Tras la firma, el texto deberá ser ratificado por el Parlamento Europeo y por los parlamentos nacionales. El proceso será largo, pero el rumbo ya está marcado.

Los grandes números suenan bien…

Bruselas insiste: el acuerdo creará la mayor zona de libre comercio del planeta, con más de 700 millones de consumidores y un PIB conjunto cercano a 22 billones de dólares. Se reducirán aranceles, se ampliará la oferta de productos y, en teoría, bajarán precios para el consumidor.

Hasta aquí, el relato oficial.

…pero la letra pequeña inquieta al campo

El problema para la agricultura española no está en el concepto, sino en la competencia directa que se abre con productos procedentes de Mercosur. Países como Brasil o Argentina producen a costes mucho más bajos y con normativas medioambientales, laborales y sanitarias menos exigentes que las europeas.

El temor es claro: competir con reglas distintas. Mientras el agricultor español cumple restricciones estrictas en fitosanitarios, bienestar animal o trazabilidad, puede verse desplazado por importaciones más baratas que no siguen los mismos estándares.

Cláusulas de salvaguardia: el papel lo aguanta todo

La Comisión Europea defiende que el acuerdo incluye cláusulas de salvaguardia para proteger a los sectores sensibles. En teoría, permitirían frenar importaciones si causan un daño grave.

En la práctica, el campo teme que esas cláusulas sean lentas, burocráticas y tardías, activadas cuando el daño ya esté hecho. La experiencia con otros acuerdos comerciales ha dejado cicatrices.

Europa dividida, el sur más expuesto

La votación previa ya dejó claro que no hay consenso. Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría votaron en contra. Bélgica se abstuvo. España apoyó el acuerdo, pero el malestar del sector agrario es evidente, especialmente en regiones donde el margen económico ya es mínimo.

Más importaciones a menor precio pueden traducirse en presión a la baja sobre los precios en origen, justo cuando el campo arrastra problemas de costes, sequía y cambios regulatorios.

Qué viene ahora (y por qué preocupa)

El acuerdo no entrará en vigor mañana, pero el mensaje ya ha llegado. El campo no discute que Europa comercie; discute cómo y a qué precio. Quiere garantías reales, controles efectivos y que la competencia sea justa.

Porque, una vez más, el miedo no está en el anuncio ni en la foto de la firma.
Está en esa letra pequeña que puede marcar el futuro de miles de explotaciones.

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