Sube el SMI… pero no tu nómina: el informe que alerta del cuello de botella salarial en España
Durante años, el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) fue el umbral de entrada al mercado laboral: la referencia para empleos sin cualificación, para los primeros contratos o para los salarios más bajos. Hoy, tras una subida acumulada del 60,9% en solo siete años, ha dejado de cumplir esa función. El SMI ya no marca el suelo, sino que se ha convertido en la franja salarial más habitual en España.
Así lo constata el cuarto informe de la comisión asesora para el análisis del SMI, publicado este mes, que advierte de un fenómeno cada vez más evidente: la compresión salarial. Es decir, muchos trabajadores —incluso con experiencia o cualificación media— cobran prácticamente lo mismo que el salario mínimo.
Del impulso al atasco salarial
Entre 2018 y 2025, el SMI ha pasado de 735,90 euros brutos mensuales a 1.184 euros, una subida histórica que ha tenido un efecto claro: sacar a cientos de miles de trabajadores de los salarios más bajos. Pero ese impulso no se ha trasladado con la misma intensidad al resto de la estructura salarial.
El resultado es un embudo. Según el informe, el rápido incremento del SMI ha concentrado a los asalariados “en una estrecha banda salarial en torno al salario mínimo”, con un riesgo evidente: que trabajadores con más experiencia, más responsabilidad o mayor cualificación queden atrapados en esa franja.
La comisión reconoce que existe cierta “tracción al alza” del resto de salarios, pero la califica de limitada. En la práctica, el SMI ha subido mucho más rápido que los convenios y las escalas salariales intermedias.
El dato que lo explica todo
La Encuesta de Estructura Salarial de 2023, la última disponible del Instituto Nacional de Estadística (INE), pone números a esta realidad. Ese año, el tramo de 15.000 a 16.000 euros brutos anuales se convirtió en el más frecuente del mercado laboral español.
No es casualidad: en 2023 el SMI se situó en 15.120 euros brutos anuales (1.080 euros al mes en 14 pagas). Y ese mismo año, uno de cada cuatro asalariados ganó entre 14.000 y 20.000 euros brutos. El salario mínimo ya no es una excepción: es el punto de encuentro.
Con este contexto, el debate sobre el SMI de 2026 ya está encima de la mesa. El Ministerio de Trabajo mantiene abiertas las consultas con los agentes sociales, aunque el escenario más probable es una subida del 3,1%, tal y como recomienda la comisión asesora.
De aplicarse ese incremento, el SMI pasaría de 1.184 a 1.221 euros brutos mensuales, 37 euros más, siempre que se mantenga libre de IRPF. Trabajo prevé presentar su propuesta tras las vacaciones de Navidad y aprobarla a finales de enero, con efectos retroactivos desde el 1 de enero, mediante real decreto.
Hacienda, por ahora, se muestra dispuesta a mantener la deducción que permite que la mayoría de perceptores del SMI no tributen, una condición clave para que el alza sea “real” en términos de poder adquisitivo.
Un acuerdo cada vez más difícil
El consenso, sin embargo, se antoja complicado. La patronal CEOE-Cepyme propone una subida mucho más moderada: un 1,5%, hasta 1.202 euros brutos mensuales, además sujetos a tributación. Los sindicatos CCOO y UGT van en la dirección opuesta y reclaman un 7,5%, hasta 1.273 euros.
A este pulso se suma otro debate de fondo: la transposición de la directiva europea de salarios mínimos, con la que la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, quiere limitar la capacidad de las empresas para neutralizar las subidas del SMI mediante la absorción de complementos salariales.
Hoy, la legislación permite esa absorción en determinados casos, algo que los sindicatos consideran opaco y discrecional. Trabajo ve en la directiva europea una palanca para corregir esta práctica, aunque la patronal rechaza un blindaje amplio.
Más allá de la cifra final, el informe deja una advertencia clara: el SMI ha cumplido su función redistributiva, pero ha alterado el equilibrio interno de los salarios. El reto ya no es solo subirlo, sino evitar que todo lo demás se quede quieto. Porque cuando el salario mínimo deja de ser mínimo, el problema ya no está en el suelo… sino en el techo que no se mueve.

