Cambio de hora en España: el Consejo General de Psicología indica que debería mantener el horario de invierno
El cambio de hora en España vuelve a estar en el centro del debate. El anuncio realizado el año pasado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que planteaba poner fin al cambio de hora estacional a partir de 2026, ha reactivado una discusión.
Desde hace años, la psicología, apoyada en la cronobiología y la ciencia del sueño, viene advirtiendo de que modificar el reloj una hora no es un gesto inocuo. Según informes del Time Use Laboratory (Barcelona, 2024) y del European Parliament Research Service, "la evidencia científica muestra que estos cambios temporales impactan en los ritmos naturales del cuerpo". Por ello, el Consejo General de la Psicología ha señalado que, en caso de establecer un horario fijo, debería mantenerse el horario de invierno, más próximo al ciclo solar.
El huso horario y la anomalía española
Por posición geográfica, la mayor parte de la península ibérica, excepto las Islas Canarias, se encuentra en el huso horario UTC+0, el mismo que marca el meridiano de Greenwich, que atraviesa directamente Castellón, Zaragoza y Huesca. Sin embargo, desde 1940, España continental y Baleares adoptaron el UTC+1 (hora central europea, CET) y en verano pasan a UTC+2 (CEST).
Esto implica que en invierno ya existe un adelanto de una hora respecto al sol, y en verano la diferencia alcanza las dos horas. Esa desincronización entre el reloj social y el reloj biológico tiene consecuencias. El núcleo supraquiasmático, el "marcapasos" circadiano del cerebro, se ajusta principalmente a la luz natural. Cuanto mayor es la distancia entre la hora oficial y el ciclo solar, más probabilidades hay de que aparezcan síntomas como sueño fragmentado, cansancio matutino, irritabilidad o menor capacidad de atención.
En este sentido, el mantenimiento del horario de invierno, e incluso la aproximación al huso que correspondería por posición geográfica, se plantea como una medida de coherencia biológica.
Psicología, cronobiología y "jet lag social"
El sistema interno que regula el sueño, la secreción hormonal, el apetito o el estado de ánimo se conoce como ritmo circadiano. Este "reloj biológico" se sincroniza fundamentalmente con la luz solar. Alterar artificialmente la hora oficial provoca un desfase que la literatura científica denomina 'social jet lag'.
Según la American Academy of Sleep Medicine (Rishi et al., 2020), estos desajustes incrementan la somnolencia y reducen la atención y la regulación emocional en los días posteriores al cambio. Desde la psicología aplicada, estos efectos se traducen en mayor irritabilidad, peor rendimiento cognitivo y alteraciones anímicas, especialmente en personas con trastornos del sueño previos o mayor sensibilidad al cambio.
Un estudio de Barnes y Wagner (2006), realizado en Estados Unidos, mostraba que el paso al horario de verano reduce el sueño promedio en 40 minutos la noche siguiente y aumenta los accidentes y errores laborales. Aunque no medía directamente variables emocionales, los autores subrayaban que incluso una hora menos de descanso puede tener consecuencias medibles en el comportamiento y la seguridad.
Evidencia reciente y revisión internacional
Casi dos décadas después, Neumann (2024) publicó una revisión que integraba estudios de más de 15 países. Sus conclusiones apuntan que "los efectos del cambio de hora sobre el sueño y el estado de ánimo son pequeños pero consistentes" y que "los impactos psicológicos negativos son mayores tras el cambio primaveral, cuando se pierde una hora de descanso". Además, identificó una mayor dificultad de adaptación en poblaciones del norte y en personas con cronotipo vespertino.
En paralelo, Charlotte Gupta (2024), en Nature Reviews Psychology, recogía avances en cronobiología, crononutrición y cronoejercicio, señalando que el momento del día en que se duerme o se come influye en la regulación emocional. La revisión de Keiser et al., citada en ese artículo, asociaba comer tarde o presentar un sueño con punto medio muy retrasado con peor salud mental y física.
Desde esta perspectiva, la desincronización que provoca el cambio de hora y el mantenimiento de un huso adelantado en España podrían agravar el desfase circadiano, reducir la exposición a la luz matutina y alterar patrones de sueño y alimentación.


