La peste porcina salió de un laboratorio de Cataluña: el genoma es habitual en experimentos
La crisis de peste porcina africana (PPA) que mantiene en vilo al sector porcino español ha dado un giro delicado: todas las miradas apuntan ahora a un posible origen de laboratorio en Cataluña. No porque haya una prueba concluyente, sino porque el análisis genético del virus detectado en los jabalíes de Cerdanyola del Vallès coincide con una cepa usada de forma habitual en experimentos y ensayos de vacunas.
Esa es la clave del informe del CISA-INIA, el laboratorio de referencia de la Unión Europea en Valdeolmos (Madrid), que ha encendido todas las alarmas y ha obligado a la Generalitat a ampliar la investigación.
Un genoma “de laboratorio” en el foco
El informe remitido por el CISA-INIA identifica que el genoma del virus hallado en los jabalíes es muy similar al que circuló en Georgia en 2007, una cepa de alta virulencia que desde entonces se emplea de forma estándar en estudios experimentales y pruebas de vacunas contra la PPA.
Traducido al lenguaje llano: no se trata de una variante “cualquiera” encontrada en el campo, sino de un perfil genético muy típico de trabajos de laboratorio. Eso no significa, por sí solo, que haya habido una fuga, pero sí es lo bastante llamativo como para abrir una línea de investigación específica sobre un posible origen en instalaciones científicas.
La PPA, conviene recordarlo, no afecta a los humanos ni supone un riesgo para la seguridad alimentaria, pero es devastadora para la cabaña porcina y para las exportaciones de carne y productos derivados, de las que dependen territorios como Aragón y Cataluña.
Cinco centros bajo auditoría en un radio de 20 kilómetros
Ante estas conclusiones, la Generalitat ha decidido ampliar el perímetro de investigación. El president Salvador Illa ha anunciado que se auditarán cinco centros que trabajan con el virus de la PPA en un radio de 20 kilómetros alrededor del foco, incluido el IRTA-CReSA, el laboratorio de salud animal situado en el campus de la UAB, a apenas un kilómetro del punto donde aparecieron los primeros jabalíes muertos.
Esos centros deberán someterse a una revisión exhaustiva de protocolos de bioseguridad y manejo del virus, trazabilidad de muestras y material biológico, sistemas de eliminación de residuos y desinfección y registros de entradas, salidas y movimientos internos.
La propia Generalitat ha encargado al IRTA-CReSA que lidere la auditoría, apoyado por un grupo de expertos de “máximo nivel”. El Govern sostiene que este encargo es una “muestra de confianza” en el centro catalán, y recalca que, por ahora, no se descarta ninguna hipótesis ni se ha señalado a ningún responsable.
Un brote a las puertas del campus
El componente inquietante del caso es geográfico: el primer hallazgo de jabalíes infectados se produjo a escasa distancia del IRTA-CReSA, en el entorno de la UAB. Desde entonces, el número de positivos en fauna silvestre ha ido creciendo, obligando a la Unión Europea a delimitar una amplia zona restringida en Cataluña y a varios países terceros a imponer vetos parciales a los productos de porcino españoles.
El hecho de que el genoma coincida con una cepa “de laboratorio” y que el foco se sitúe junto a uno de los grandes centros europeos de investigación en sanidad animal ha alimentado las sospechas de una posible fuga accidental. Precisamente por eso, la Generalitat insiste ahora en que el objetivo es “aclararlo todo” y descartar o confirmar, con datos, cualquier escenario.
Un sector en tensión pendiente de respuestas
La hipótesis de un origen de laboratorio tiene consecuencias más allá de lo sanitario. Si se demostrara una fuga, el impacto reputacional sería enorme: para los centros de investigación implicados, para la administración y para la imagen de seguridad del propio sector porcino español, que exporta a mercados muy sensibles a cualquier duda sanitaria.
Por ahora, lo único firme es un informe genético que vincula el virus a una cepa usada en experimentación, una ampliación de la investigación a cinco laboratorios en el entorno del brote y el compromiso declarado de la Generalitat de llegar hasta el final, sin descartar escenarios.
Hasta que no concluyan las auditorías y la investigación científica y judicial, no habrá una respuesta definitiva. Pero el caso ya ha abierto un debate incómodo: cómo se gestionan realmente los riesgos biológicos en los laboratorios que trabajan con patógenos de alto impacto económico… y qué puede ocurrir cuando algo, en esa cadena de seguridad, deja de funcionar.


