Los díscolos de Vox se rebelan contra Abascal y piden un congreso extraordinario para refundar el partido
Vox tiene un problema interno que llega en el peor momento posible. Mientras Santiago Abascal negocia con el PP su entrada en los gobiernos de Aragón, Extremadura y Castilla y León, un grupo de exdirigentes y críticos del partido —con Iván Espinosa de los Monteros y Javier Ortega Smith al frente— ha publicado un manifiesto en el que reclaman convocar un congreso extraordinario para debatir el futuro de la formación.
El documento, publicado en la medianoche del miércoles en una web no oficial del partido, exige "una revisión completa de la arquitectura interna" de Vox y deja un recado claro a Abascal: "La lealtad política es a las ideas, no a las personas".
El momento no es inocente. Con las negociaciones en Aragón pendientes de un hilo y el plazo de investidura de Jorge Azcón corriendo hacia el 3 de mayo, una crisis interna de este calibre en Vox añade una variable nueva e incómoda a una ecuación ya de por sí complicada. Si la dirección del partido está centrada en gestionar una rebelión interna, los tiempos y las condiciones del acuerdo con el PP en la comunidad podrían verse afectados.
Quién firma el manifiesto y qué piden
La nómina de firmantes incluye algunos de los nombres más reconocibles de la historia reciente de Vox. Espinosa de los Monteros, que fue portavoz del partido en el Congreso hasta 2023; Ortega Smith, fundador de la formación y afiliado número 6, cuya expulsión definitiva fue anunciada hace apenas unos días; Ignacio Ansaldo, primer presidente del partido y actual concejal en Madrid; Víctor González Coello de Portugal, ex vicepresidente primero; José Ángel Antelo, hasta hace poco líder de Vox en Murcia; Rubén Manso, que fue el 'gurú' económico de Abascal; e Inés Cañizares, vicealcaldesa de Toledo y único cargo público en ejercicio entre los firmantes.
El manifiesto no propone una candidatura alternativa a Abascal ni plantea una escisión. Sus promotores insisten en que quieren "debatir desde dentro" y que su objetivo es un "contraste abierto" de ideas sobre la orientación política y organizativa del partido. Piden que la dirección dé "explicaciones políticas serias" sobre los cambios de rumbo de los últimos meses y que se convoque un congreso extraordinario "con plazos suficientes y reglas claras".
El dardo a la Fundación Disenso
Uno de los párrafos más explosivos del manifiesto denuncia la existencia de "un entramado paralelo de entidades opacas, desconocidas para la mayoría de los afiliados, no sometidas a un escrutinio suficiente y vinculadas a intereses e intercambios económicos que exigen transparencia". La referencia, aunque velada, apunta directamente a la Fundación Disenso, que preside el propio Abascal y que ha sido objeto de críticas internas en los últimos meses.
Los críticos también cargan contra la «concentración extrema del poder» en la dirección actual y el "apartamiento de mandos históricos" sin explicaciones suficientes. Ortega Smith, tras conocerse su expulsión, había afirmado que son "cuatro" los que mandan en el partido "por la pasta" y había señalado "vanidad personal" en las últimas decisiones de Abascal.
El mecanismo: necesitan el 20% de los afiliados
Para forzar la convocatoria de un congreso extraordinario, los estatutos de Vox exigen que lo solicite por escrito al menos el 20% de los afiliados de pleno derecho. Los promotores del manifiesto han habilitado un formulario para recabar adhesiones entre afiliados y exafiliados. Si logran ese umbral, la dirección estaría obligada a convocar el congreso. Si no lo alcanzan, el movimiento quedará como una señal de malestar interno sin consecuencias formales.
Espinosa de los Monteros había advertido días antes en redes sociales que "la actual dirección muestra capacidad para retener, pero no para ensanchar". Una frase que resume bien la tesis de los críticos: Vox ha tocado techo con su estrategia actual y necesita un debate de fondo para crecer más allá de su espacio natural.
Curiosamente, en un punto coinciden con Abascal: tanto los díscolos como el propio presidente del partido consideran que "convertirse en partido bisagra" del PP sería "un fracaso estratégico". Lo que les separa es cómo evitarlo.

