Bakis salva al Real Zaragoza con un golazo en el 93: empate agónico en Burgos

Cuando el reloj ya apretaba, una falta esquinada (90’) parecía el último billete. No llegó. Pero llegó Bakis.

El Real Zaragoza volvió a mirarse al espejo de esta temporada en El Plantío: hizo casi todo lo que debe para no perder… excepto lo más caro. Y, aun así, se marchó de Burgos con un punto (1-1) gracias a un derechazo inolvidable de Sinan Bakis en el minuto 93, cuando el partido ya olía a castigo.

La tarde empezó con el escenario perfecto para el drama: frío, aguanieve y un césped traicionero, irregular, de esos que convierten un control en una aventura y un giro en una caída. Burgos apretó primero, con una concesión temprana de Tachi que obligó a Andrada a aparecer con una parada seria en el minuto 5. Pero fue un espejismo. A partir de ahí, el Real Zaragoza se asentó, juntó pases y empezó a vivir en campo rival.

Sellés encontró ritmo con balón y mordida por fuera. Marcos Cuenca y Tasende estiraban, Valery buscaba el desborde y Soberón y Kodro amenazaban sin terminar de morder. Y el partido, sin embargo, iba escribiendo la misma historia: ocasiones claras, perdón y, por detrás, un rival esperando su momento.

La primera gran oportunidad llegó al minuto 23: centro medido de Tasende, Soberón solo y con la portería casi servida… pero el remate no encontró destino. Un minuto después, Kodro probó con intención y Cantero respondió con un paradón que sostuvo al Burgos. El Zaragoza estaba mejor. El Zaragoza perdonaba.

Y entonces llegó el golpe. Minuto 36. Jugada por la izquierda, Juan Sebastián superado y David González remachando en el corazón del área. Una llegada, un gol. El Burgos, con poco, encontraba lo que al Zaragoza le estaba costando una vida: convertir.

El descanso dejó una sensación incómoda, casi cruel. Porque el marcador decía 1-0, pero el partido contaba otra cosa: dominio por fases, ocasiones y la certeza de que el Zaragoza no merecía irse perdiendo. Solo que el fútbol no premia el “merecimiento”; factura el acierto.

La segunda parte fue un asedio progresivo. También un catálogo de oportunidades desperdiciadas. Juan Sebastián se estrelló con el palo de cabeza en un córner (50’). Tachi rozó el empate también por arriba (57’). Kodro cabeceó fuera (60’). Y el guion se tensó aún más con el segundo palo: Soberón, solo, casi a puerta vacía tras una falta lateral, mandó un remate defectuoso a la madera (69’). Era el día de los postes. Y de los lamentos.

Sellés movió el banquillo buscando pólvora: entraron Toni Moya y Dani Gómez, y más tarde Bakis y Saidu. El Zaragoza se volcó, acumuló centros, segundas jugadas, córners… y también ansiedad. El Burgos, por su parte, amenazó a la contra y recordó que un error más podía cerrar la persiana (una acción anulada por fuera de juego avisó del peligro).

Cuando el reloj ya apretaba, una falta esquinada (90’) parecía el último billete. No llegó. Pero llegó Bakis.

Minuto 93. Y, de repente, silencio. El turco enganchó un derechazo desde fuera del área, seco, limpio, de esos que salen una vez cada muchas noches. Cantero, sorprendido, apenas pudo acompañarlo con la mirada. Golazo. 1-1. Un empate que supo a alivio y a reivindicación: el Zaragoza no merecía irse con las manos vacías.

Al final, el punto no tapa las costuras —la falta de colmillo, el castigo de los detalles—, pero sí deja una certeza en medio del frío de Burgos: el Zaragoza, al menos esta vez, se negó a perder. Y lo hizo con una firma que vale por una crónica entera: Bakis, minuto 93.

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