¿Por qué Manolo el del Bombo animaba siempre al Real Zaragoza y a la SD Huesca?
Manolo el del Bombo ha fallecido este jueves a los 76 años de edad. Una noticia dolorosa para el mundo del fútbol español, ya que se había convertido en el aficionado más famoso de la selección española. Su figura se volvió inseparable del equipo nacional, al que animó con su inseparable bombo desde las gradas de todo el mundo durante varias décadas.
Su historia como máximo exponente de la afición española comenzó en el Mundial de España 1982, cuando recorrió el país haciendo autostop desde Huesca, donde residía, para no perderse ningún partido de la Roja. Sin embargo, ya en la Eurocopa de 1980 había aparecido en televisión varias veces, ganándose sus primeros momentos de fama. Desde entonces, su pasión no hizo más que crecer.
Acompañó a la selección en diez Mundiales. Su primero fue el de España 82, hasta el de Rusia en 2018, el último que vivió en un estadio, y en ocho Eurocopas. No pudo acudir al Mundial de Catar por problemas económicos, pero su legado ya estaba más que consolidado. Además, siguió al combinado nacional en decenas de partidos amistosos y de clasificación, incluso en países remotos, siempre con su bombo, su alegría y ese amor incondicional por la camiseta que siempre atraía el foco de las televisiones y el cariño de los aficionados.
El vínculo de Manolo el del Bombo con Aragón
Pero más allá de la selección, hay una parte de la historia de Manolo menos conocida: su profundo vínculo con Aragón. Nacido en San Carlos del Valle (Ciudad Real), se trasladó con su familia a Huesca a los 8 años, y allí empezó a forjar su fama como animador de gradas, especialmente en el viejo estadio de El Alcoraz. Fue un ferviente seguidor de la SD Huesca, del Real Zaragoza y también de la UD Barbastro.
En los años 70 y 80, era habitual verlo en La Romareda con su característica boina, el bombo y un modelo de tambor que incluso llevaba los escudos de la SD Huesca y del Real Zaragoza, junto con los nombres de ambos equipos. Allí también animaba de la misma forma que lo hacía con la selección.
Manolo siempre iba ataviado con su cachirulo en el cuello. Inseparable, como su camiseta de España, la boina y el famoso bombo que llevaba escrito “El bombo de España”. Esta era su forma de agradecer a Aragón, la tierra donde se había criado, todo lo que le había dado.
En su autobiografía contaba cómo comenzó animando al Huesca, luego al Real Zaragoza, al baloncesto y finalmente al FC Barcelona, al Real Madrid y a la selección por todo el mundo. También recordaba con cariño cómo, en La Romareda, los policías y directivos lo dejaban pasar de una grada a otra sin problemas porque todos sabían que Manolo estaba allí para animar, no para buscar lío.
Pese a su fama, durante años pasó por serias dificultades económicas. Una de sus decepciones fue que, aunque viajaba desde Huesca para animar al Real Zaragoza, ningún presidente del club le ofreció nunca “ni mil pesetas para gasolina”, según contaba. Y es que su historia esconde cientos de intrahistorias menos conocidas. Como aquel episodio en el que le dieron una vuelta de honor a La Romareda tumbado en una camilla. Manolo había sido operado del menisco en Huesca y pidió que le llevaran en ambulancia a ver al Real Zaragoza. Dicho y hecho.

