El Real Zaragoza-Deportivo en La Romareda, mucho más que un partido de fútbol

El Real Zaragoza puede certificar su permanencia en la Liga Hypermotion en el último partido que se jugará en La Romareda 
Francho en La Romareda / MARCOS CEBRIÁN
Francho en La Romareda / MARCOS CEBRIÁN

El Real Zaragoza se juega mucho más que tres puntos este domingo frente al Deportivo de la Coruña, en un encuentro en el que La Romareda presentará un lleno absoluto. Será, además, el último partido en el estadio tal y como lo conocemos, antes de que comiencen las obras de la fase 2 de remodelación que transformarán por completo el coliseo zaragocista. 

No solo está en juego la permanencia del Real Zaragoza; también lo están la ilusión de toda una afición y el prestigio de una ciudad que respira fútbol. Será un duelo entre dos históricos del balompié nacional, clubes que hasta hace pocos años competían en Primera División por títulos y clasificación europea. Si el Real Zaragoza celebraba hace unos días los 30 años de la Recopa, el Deportivo festejaba los 25 años de su título liguero. 

La tensión se palpa en el ambiente, pero la distancia de 4 puntos con el Eldense hace que el partido no sea definitivo. El club aragonés quiere que La Romareda sea una olla a presión y lleve en volandas al equipo hacia la victoria. Desde el cuerpo técnico hasta los jugadores, todos son conscientes de que el encuentro ante el Depor es el más importante de toda la temporada. 

Por su parte, el Deportivo de la Coruña llega con los deberes hechos desde hace varias jornadas. Aunque su situación clasificatoria es menos comprometida, necesita puntuar para ir ascendiendo en la clasificación. Hay dudas sobre el once que sacará el conjunto gallego, con el futuro de Yeremay cada vez más lejos de Coruña, sonando para clubes importantes y con un traspaso millonario. 

También será un partido de despedidas para varios jugadores. Algunos jugadores terminan contrato y no seguirán en el Real Zaragoza, mientras que Gabi se espera que pueda continuar al frente del equipo si es capaz de lograr la permanencia, por lo que todo hace indicar que no será su último partido como entrenador en La Romareda. 

Además del valor deportivo, el partido estará cargado de simbolismo. El adiós al viejo estadio será emotivo para generaciones de zaragocistas que han vivido allí gestas europeas, goles inolvidables y tardes de gloria. La Romareda se prepara para despedirse como merece: con pasión, entrega y, si el fútbol lo permite, con una victoria para mantener la categoría. 

Y mientras el futuro estadio comienza a perfilarse como una nueva casa para soñar en grande, el presente exige el máximo compromiso por parte de jugadores y directiva para que vuelva a suceder lo de este año. Zaragoza necesita que su equipo esté a la altura de su gente, de su historia y de ese escudo que, pese a los años de lucha en Segunda División, sigue latiendo con fuerza como se demuestra cada semana. 

Comentarios