Así de cerca está el Real Zaragoza de hundirse en Primera RFEF y perder el fútbol profesional

El conjunto blanquillo cierra la jornada 28 en último lugar con 24 puntos, a seis de la salvación y con 14 finales por delante

El Real Zaragoza está al borde del precipicio. Después de 28 jornadas en esta temporada de Segunda División, el conjunto blanquillo ocupa la última posición de la tabla con 24 puntos y una distancia de seis respecto al primer equipo que hoy está fuera del descenso. No es una crisis pasajera ni un bache de resultados. Es una agonía prolongada que, si no se frena en las próximas semanas, llevará al club más importante de Aragón a perder la categoría profesional por primera vez en su historia.

Los números que asustan

24 puntos en 28 jornadas. Eso es lo que tiene el Real Zaragoza. El mismo registro que el Mirandés, el equipo que hoy le saca del descenso únicamente por el golaverage. Por encima están la Cultural Leonesa con 27, el Valladolid con 29, la SD Huesca con 30 y Andorra y Granada con 32. Todos ellos, además, con un partido menos disputado. Si esos encuentros pendientes se saldan con victorias para los rivales, el agujero puede crecer hasta los nueve o diez puntos antes de que el Zaragoza vuelva a jugar.

Quedan 14 jornadas. 42 puntos en juego. Matemáticamente, la salvación sigue siendo posible. Pero los números fríos no cuentan lo que se ve sobre el césped, y lo que se ve sobre el césped desde hace meses es un equipo sin nivel, sin ideas y sin la energía necesaria para competir en Segunda División.

La afición ya no puede más

Antes del partido, la hinchada blanquilla ya había anunciado una pitada organizada para el minuto 32. Se cumplió con precisión y con una intensidad que llenó de silbidos el Ibercaja en uno de los momentos más tensos de la temporada. Las pancartas con el mensaje "Mas Go Home", dirigidas directamente al presidente del Real Zaragoza, resumían en tres palabras el estado de ánimo de una grada que ha perdido la fe.

Al pitido final, la situación fue todavía más grave. La afición se dirigió al palco para mostrar su hartazgo de una forma que no se había visto con esa contundencia en toda la temporada. No hubo violencia, pero sí una claridad meridiana: la paciencia se ha agotado. Los aficionados del Real Zaragoza han visto demasiados partidos lamentables, demasiadas promesas incumplidas y demasiadas ruedas de prensa vacías de contenido.

Sellés en el aire, pero el problema es más profundo

El nombre de Rubén Sellés lleva semanas sobrevolando el Ibercaja. Un cambio en el banquillo puede producirse en cualquier momento, y nadie en Zaragoza se sorprendería si ocurre antes del próximo partido. Pero la crónica de esta temporada apunta a algo más difícil de solucionar que el entrenador.

El problema del Real Zaragoza es una plantilla que no tiene nivel para Segunda División. Eso no lo arregla ningún cambio en el banquillo. Lo arregla una reconstrucción profunda que, si el equipo cae a Primera RFEF, tendrá que hacerse desde una categoría que el club nunca ha pisado en su historia moderna y con unos ingresos muy inferiores a los actuales.

¿Qué significa caer a Primera RFEF?

Para entender la magnitud de lo que está en juego hay que poner las cosas en perspectiva. El Real Zaragoza es un club con dos Copas del Rey, una Recopa de Europa y una historia centenaria. Ha militado en Primera División durante décadas y lleva años en Segunda tratando de volver a la élite. Caer a Primera RFEF, la tercera categoría del fútbol español, no sería solo un descenso deportivo. Sería un golpe económico e institucional de consecuencias difíciles de calcular.

La Nueva Romareda, el estadio que se está construyendo para devolver al club al lugar que le corresponde, quedaría en una situación comprometida. Los patrocinadores, los abonados y la proyección del club cambiarían de forma radical. No es catastrofismo. Es lo que ocurre cuando un club de la dimensión del Zaragoza pierde el fútbol profesional.

14 jornadas para reescribir la historia

Quedan 14 partidos. El calendario es duro, marzo arranca sin margen y los rivales directos en el descenso también necesitan puntos. El Real Zaragoza tiene que ganar, y ganar pronto, o la temporada habrá terminado antes de que llegue la primavera.

La afición seguirá en las gradas porque siempre lo ha hecho. Pero su paciencia tiene un límite, y este sábado en el Ibercaja ese límite quedó a la vista de todos. Lo que ocurra en las próximas jornadas dirá mucho no solo del equipo, sino del futuro inmediato de un club que está jugando mucho más que tres puntos cada fin de semana.

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