¿Está perdiendo el Real Zaragoza su identidad?
El interminable camino de penitencia por la Segunda División ha dejado un Real Zaragoza carente de identidad. Los bandazos se suceden cada temporada entre decenas de jugadores que vienen y van sin ningún arraigo. Mientras, en el banquillo se suceden los cambios de entrenadores cada pocos meses con propuestas de juego tan diversas que ya han eliminado la poca identidad que tenía el Real Zaragoza. La despedida de Cristian fue un episodio más de la ausencia de un plan que mire más allá del presente. Un adiós triste, tras una derrota, y que concluyó con una sonora pitada al resto de componentes de la plantilla y del club.
No se trata de que el Real Zaragoza esté ahora en manos de propietarios extranjeros. Tampoco de que no lleguen los resultados con un Miguel Ángel Ramírez que llegó con la idea de renovar un club anclado en el siglo pasado. Eso no es más que la puntilla de una deriva que vive el Real Zaragoza temporada tras temporada y que le ha llevado a vivir un bucle del que no consigue salir. La ausencia de una idea clara desde la propiedad sobre qué fútbol quiere y qué hay que hacer para conseguirlo es el gran problema que ha convertido el banquillo en una trituradora de entrenadores y a La Romareda en un polvorín cerca de explotar ante un nuevo desastre.
La falta de canteranos se hace más evidente
La fuga de talentos constante que vive la Ciudad Deportiva provoca que cada vez haya menos canteranos que lleguen al primer equipo. Las salidas de Francés, Azón y Marc Aguado, procedentes de las últimas grandes hornadas, han dejado al Real Zaragoza sin apenas canteranos. La irrupción de un Liso cuyo rendimiento y presencia ha bajado notablemente y las tímidas apariciones de Pau Sans son las únicas muestras del talento que llega desde abajo en los últimos años y que no han podido afianzarse en el primer equipo con un rol importante.
Las recientes salidas de canteranos como Jano Monserrate en edad juvenil rumbo al Atlético de Madrid, o de Gorka Buil y Samu Borniquel al FC Barcelona, han dañado una estructura ya debilitada con el paso de los años tras las continuas salidas de jóvenes promesas que prefieren continuar con su formación lejos de Zaragoza.
En la presente temporada, el Real Zaragoza solo ha hecho debutar a un canterano. Fue Jaime Vallejo, que llegó al Real Zaragoza en edad cadete procedente de Navarra, y que apenas jugó un minuto ante el Albacete. Una clara muestra de que se ha frenado la aportación de futbolistas desde la base con respecto a años anteriores en los que las apuestas fueron claras con jugadores como Francés, Azón o Francho, asentados ahora en el fútbol profesional.
Los entrenadores, un elemento clave y demasiado confuso
Hay clubes con una filosofía muy marcada. No se entiende al FC Barcelona sin un fútbol de posesión. Y tampoco es necesario mirar a los grandes. La UD Las Palmas es un ejemplo de creencia en un fútbol talentoso, con jugadores de la isla atrevidos y descarados que practiquen un fútbol alegre. Mientras que el Getafe se ha caracterizado por un modelo donde prioriza aspectos defensivos, el trabajo de un bloque junto y la escasa posesión de balón. En Segunda también hay ejemplos de creer en una idea. En el Elche, hace años que la apuesta es decidida por un juego posicional con el balón como protagonista, mientras que en el Mirandés se ha optado por entrenadores jóvenes capaces de manejar plantillas todavía más jóvenes, dando posteriormente el salto a grandes clubes.
El Real Zaragoza navega perdido en busca de una idea. Ha visto pasar en distintas etapas a Víctor Fernández como una apuesta por el fútbol antiguo de ataque con más corazón que cabeza, olvidando que en la actualidad, la táctica y el físico se imponen en un fútbol cada vez más estudiado. Entre medias pasaron entrenadores como Rubén Baraja con una apuesta decidida por el 4-4-2 y el orden defensivo. O la obsesión de Juan Ignacio Martínez por cerrar la portería a costa de plantear partidos muy cerrados. Otros como Velázquez y Carcedo se perdieron en el análisis con propuestas infructuosas sin entender qué tenían entre manos.
Antes estuvieron otros como Iván Martínez, Lucas Alcaraz, Imanol Idiakez, Natxo González, Raúl Agné, Luis Milla o Popovic. Perfiles tan distintos como sus propuestas, que no persiguen nada más que su idea futbolística, olvidándose del contexto del Real Zaragoza. Porque a la afición zaragocista ya se le ha olvidado cuál es la identidad de su equipo. Aquel que brilló con un fútbol ofensivo con jugadores de talla mundial y que hoy vive inmerso en la monotonía y la igualdad rácana de la Segunda División.
Frenar el expolio de la cantera pasa por mejorar la estructura, los medios y convencer a las familias de los jóvenes talentos de que su formación será mejor en un Real Zaragoza que brindará oportunidades a aquellos que se las ganen. Por ahí debe pasar la recuperación de la identidad, porque la afición siempre abrazará a sus canteranos. Volver a ver un juego vistoso y adaptado a la actualidad debe ser el siguiente paso para volver a enganchar a un público harto de bandazos y propuestas incongruentes que no hacen más que agrandar una herida demasiado grande y que ya dura más de 12 años.

