El lío de Ramírez y la carencia de fútbol del Real Zaragoza, una combinación preocupante

El cambio de sistema no ha surtido efecto mientras el rendimiento de los jugadores sigue en caída libre, la afición muestra su hartazgo y los puestos de descenso se acercan a solo seis puntos
Miguel Ángel Ramírez, entrenador del Real Zaragoza, abrazando a Ramis / MARCOS CEBRIÁN
Miguel Ángel Ramírez, entrenador del Real Zaragoza, abrazando a Ramis / MARCOS CEBRIÁN

No hay semana tranquila en el Real Zaragoza. La crispación y el hartazgo no dejan de aumentar mientras la única manera de conseguir calmar las aguas no llega ni ante uno de los peores visitantes de la categoría. Ganar un solo partido se ha convertido en un objetivo casi inalcanzable para un Real Zaragoza que no hace más que meterse en líos semana tras semana. Desde lo que ocurre en el campo hasta lo que va aconteciendo fuera de él. Porque programar el homenaje de despedida a una leyenda como Cristian Álvarez a la finalización de un partido en casa cuando eres uno de los peores locales presagia un desastre como el que ayer se vivió en La Romareda, con unos camuflados aplausos a Cristian, la demoledora pitada al resto de jugadores una vez terminado el homenaje y los cánticos contra Ramírez y Cordero.

Y es que lo visto en el césped volvió a ser dramático. El Real Zaragoza fue incapaz de ser sólido en defensa ante los tímidos achaques de un Burgos casi inofensivo y que solamente había sumado dos puntos fuera de casa desde el mes de octubre. Y tampoco fue capaz de generar nada en ataque. Un ritmo lento, impropio del fútbol profesional, la escasa movilidad de sus futbolistas que contagiaron hasta al enérgico Arriaga, y la falta de talento individual en zonas de ataque evidenciaron nuevamente que el Real Zaragoza vive inmerso en un problema futbolístico demasiado grave y con los puestos de descenso a tan solo seis puntos.

La defensa del Real Zaragoza no mejora ni con cinco ni con cuatro

Sumar defensores fue una alternativa ante la evidente falta de nivel competitivo de los futbolistas que componen la línea defensiva del Real Zaragoza. Ramírez se llevó un susto al ver la fragilidad de su defensa, a la que le sacan los colores jornada tras jornada. El exceso de revoluciones en los laterales, con Tasende y Calero totalmente desnaturalizados y que son sombras de lo que fueron al comienzo de la temporada, agrandan la crisis del centro de la zaga, donde Lluís y Vital se han consolidado más por deméritos del resto de sus compañeros que por el rendimiento que ambos han dado.

Lluís volvió a recibir una sonora pitada en los compases finales del encuentro, mientras Vital sufría cada vez que Edu Espiau le retaba en carrera. El portugués demostró una lentitud cuando tuvo que correr hacia atrás igual o más grande que la que se vio cuando iniciaba las jugadas jugando pases horizontales con Lluís. Ese ritmo parsimonioso, incapaz de amenazar lo más mínimo al Burgos, se trasladaba a las siguientes líneas, que ya recibían balones en malas condiciones ante la falta de calidad de ambos centrales.

Y es que lo que mal empieza, mal acaba. Comenzar cada acción ofensiva con Lluís y Vital supone ir descontando segundos a cada partido mientras no pasa absolutamente nada. Los malos controles y deficientes pases no ponen en ventaja a ninguno de sus compañeros. Porque no es lo mismo acertar un pase que dar ventaja a un compañero con este. La falta de contundencia en los duelos completan las actuaciones de una pareja a la que últimamente se había sumado algún acompañante pero que tampoco había mejorado el rendimiento.

Arriaga se contagia en un centro del campo atípico e inédito

El rombo no funcionó. La falta de los perfiles adecuados dibujaron un rombo que no se sostenía por ninguna de sus esquinas. Arriaga se metía entre centrales, Francho tenía que acudir a zonas retrasadas para intentar tocar el balón ante la inoperancia de los centrales y Adu Ares, jugando como interior, acudía a zonas más propias de un extremo, donde ha jugado siempre. Aketxe, esta vez como mediapunta, donde más parece que puede rendir, apenas intervino en zonas de peligro, siempre recibiendo con demasiados jugadores del Burgos por detrás de la pelota, y solo generó peligro con dos lanzamientos de falta, que tampoco entran como en años anteriores.

Encontrar el sistema adecuado a los perfiles de futbolistas que se tiene en cada momento es vital. Arriaga es un buen pivote, pero tuvo que caer continuamente a los costados para tapar las carencias defensivas y la anarquía de Adu Ares, así como las subidas alocadas de Tasende y Calero, a los que les encontraron las espaldas en contraataques bien planeados pero ejecutados al nivel del Burgos actual, el que no sabía ganar fuera de casa desde septiembre. Francho, en un intento de abarcar lo inabarcable, tampoco rindió como antes. Apenas intervino y no fue decisivo cada vez que se sumó al ataque. 

Ser delantero en el Real Zaragoza, un reto para valientes

La valentía de Dani Gómez para venir fue tanta como su osadía al hacer una entrada que en ningún caso debería haber sido castigada con tarjeta roja. Porque ser delantero del Real Zaragoza es un riesgo muy grande. Ante el Burgos, ninguno de los delanteros contó con un solo balón en condiciones para poder rematar a portería. Dani Gómez sumó siete pases, por los once de Marí. Liso dio cinco y Bazdar apenas sumó tres. La lentitud en la circulación y la falta de ideas para hacer llegar el balón a zonas de ataque dejan a los delanteros totalmente aislados, teniendo que pelear en clara inferioridad y muy alejados del área rival.

Los chispazos de Bazdar fueron la única amenaza del Real Zaragoza en los minutos finales. Se le ven detalles de gran jugador pero también es evidente que su estado físico está muy lejos de ser el adecuado para competir en la categoría. Tras una semana entre algodones, Bazdar no termina de reencontrarse con su mejor versión, la que dio antes de caer lesionado ante el Albacete en el partido de ida en La Romareda.

A Ramírez se le agota el tiempo y las ideas

Primero fueron cinco defensas. Luego cuatro. En Elche, el Real Zaragoza optó por plantear un partido muy defensivo y poco a poco, en los siguientes partidos, fue dando altura a sus carrileros para seguir sumando jugadores en ataque. La línea de cuatro defensas y el desdibujado rombo no hicieron más que sumar jugadores por detrás de la pelota, impidiendo que el Real Zaragoza creará ni una sola ocasión de peligro ante el Burgos. 

Tiempo de reflexión. Unos días más en busca de la tan complicada solución a todos los problemas que tiene el Real Zaragoza. El más grande, acrecentado, eso sí, por la ausencia de refuerzos en invierno ante una línea defensiva que no se sostiene por ningún lado. La falta de talento individual, las lesiones y el pobre rendimiento de la mayoría de los futbolistas se suman al mayor problema de todos: la incapacidad de Miguel Ángel Ramírez para encontrar soluciones, motivo por el que se acudió a él como solución a un problema ya creado.

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