Opinión | Las luces largas de Natalia Chueca y una Zaragoza en ebullición

Si la ejecución acompaña al anuncio, Zaragoza podría estar viviendo el inicio de una transformación urbana de largo recorrido.

La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, durante el Debate sobre el Estado de la Ciudad./AZ
La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, durante el Debate sobre el Estado de la Ciudad./AZ

A mitad de mandato, el equipo de Gobierno de Natalia Chueca en Zaragoza llega con una cifra histórica bajo el brazo: 950 millones de euros de presupuesto. Un récord que simboliza no solo la ambición de su gestión, sino también la oportunidad que tiene entre manos para transformar de forma profunda la ciudad. Y, en efecto, los grandes proyectos ya están en marcha: desde la nueva Romareda hasta la regeneración del Huerva o la futura Ciudad del Cine en la vieja planta de Giesa.

En el ecuador de esta legislatura, la alcaldesa popular ofreció un discurso repleto de anuncios y con una clara declaración de intenciones: “Estoy aquí para transformar Zaragoza con visión de futuro”. Más allá de la retórica, hay acciones concretas y una hoja de ruta en ejecución. Destaca, sin duda, el proyecto de reforma integral del centro de la ciudad, que prevé cambiar de arriba abajo el corazón histórico y turístico de Zaragoza. Las actuaciones ya iniciadas en el Coso, San Miguel, o las avenidas de Valencia, Navarra y Cataluña dan paso a una nueva transformación de María Agustín, Constitución o Paseo Pamplona, que muchos ya interpretan como el preámbulo para el anuncio de la Línea 2 del tranvía.

En paralelo, la ciudad sigue ganando peso demográfico. Con más de 723.000 empadronados, Chueca trabaja con la idea de alcanzar los 800.000 habitantes en la próxima década, lo que obliga a planificar viviendas, servicios y equipamientos. En este sentido, se ha marcado como objetivo añadir 2.500 pisos de promoción municipal antes de 2027. Y lo hace con autonomía financiera, acudiendo a créditos a largo plazo y forzando recalificaciones como la de Vía Hispanidad, polémica pero necesaria a ojos del equipo de Gobierno.

Por si fuera poco, la alcaldesa también ha querido dejar huella verde en su mandato: ha prometido plantar 650 árboles en distintos barrios, aunque esta promesa contrasta con las talas recientes que han endurecido algunas zonas de la ciudad.

Frente a esta agenda ambiciosa, la oposición atraviesa un momento crítico. El PSOE sigue arrastrando el desgaste por casos de corrupción y la impopularidad del Gobierno central, Zaragoza en Común se mantiene en una irrelevancia política preocupante, y Vox —aunque marca perfil— no pone en jaque al PP. Así, Chueca gobierna con relativa tranquilidad, apoyada por 15 concejales y con encuestas que ya le otorgan la mayoría absoluta.

Cierto es que en su discurso hubo espacio para las críticas a Pedro Sánchez, un recurso habitual en la política nacional que, sin embargo, poco aporta al debate local. Más interesante es su apuesta por un urbanismo valiente, como herramienta para atraer inversiones, mejorar la movilidad y conectar barrios. Frente a los discursos nostálgicos que rechazan cualquier cambio como especulación, Chueca plantea una ciudad que no quiere estancarse.

A estas alturas, queda claro que no le faltan ni ideas ni determinación. Si la ejecución acompaña al anuncio, Zaragoza podría estar viviendo el inicio de una transformación urbana de largo recorrido. De momento, el viento sopla a favor.

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