El amor engorda: estas son las razones psicológicas detrás de esta afirmación

María Baquero, especializada en nutrición deportiva, explica los cambios psicológicos y fisiológicos que se producen cuando una persona inicia una relación
María Baquero, nutricionista en UAD
María Baquero, nutricionista en UAD

Cuando se inicia una relación amorosa se producen cambios a muchos niveles, tanto fisiológicos como físicos. Esto nos lleva a escuchar que, en ocasiones, el amor engorda, pero, ¿qué tiene esto de verdad o de mito? Para comprenderlo, María Baquero, especialista en nutrición deportiva de la Unidad de Atención al Desarrollo (UAD), explica los factores fisiológicos, psicológicos y emocionales que nos llevan a ganar unos kilitos estando en pareja.

La ganancia de peso al comenzar una relación tiene una base multifactorial, ya que "se producen cambios no solo a nivel psicológico, sino también fisiológico y conductual”, señala Baquero. Uno de los conceptos clave que menciona es el llamado "efecto confort en pareja", que conlleva a que nuestros hábitos cambien y se relajen, porque "sustituimos el atractivo físico por la satisfacción emocional", apunta. "Una de nuestras motivaciones primitivas es la de lucir bien para atraer una pareja, es por ello por lo que nuestros hábitos de vida cuando estamos solteros y en busca de una relación son más conscientes., explica la nutricionista.

Desde el plano físico, enamorarse desencadena una "tormenta neuroquímica" en nuestro cerebro, que hace que en las etapas iniciales del enamoramiento se activen regiones cerebrales relacionadas con el placer, la motivación y el apego. "Debido a la liberación de dopamina y oxitocina que se genera, buscamos más el placer en la comida con alimentos más azucarados, grasos y sabrosos". Esto, sumado a una reducción de la actividad física en muchos casos, que se cambia por otro tipo de planes de ocio, es lo que hace que se gane peso.

Todos sabemos que, por norma general, como algo casi cultural, nos gusta celebrarlo todo compartiendo comida y bebida con la gente que nos importa. En ese sentido, el contexto social y emocional también influye en nuestros patrones alimentarios, ya que no comemos igual solos que acompañados. Cuando lo hacemos en pareja o en grupo, solemos ingerir mayor cantidad y alimentos más elaborados, por lo que "la comida deja de ser una necesidad fisiológica para convertirse en un ritual de conexión emocional”, asegura. De hecho, estudios recientes han demostrado que comemos entre un 30% y un 50% más cuando lo hacemos en compañía. 

Un estudio de 2012 en el Journal of Social and Personal Relationships observó que las parejas felices tienden a sincronizar su forma de comer —ritmo, preferencias y horarios—, lo que puede influir en su peso a largo plazo.

EL IMPACTO DE LAS EMOCIONES EN NUESTROS HÁBITOS ALIMENTARIOS

Las emociones tienen un gran impacto sobre la decisión de lo que comemos, ya que estados de ánimo como la felicidad, seguridad, ansiedad, estrés o soledad "pueden modificar la forma en que comemos, cuándo y cuánto comemos y qué alimentos elegimos de manera inconsciente", asegura Baquero. 

Por un lado, cuando nos sentimos felices y relajados, como suele suceder al iniciar una relación amorosa, "es más probable que busquemos comidas reconfortantes, asociadas con el placer y el disfrute", alimentos llenos de sabor con altas dosis de azúcar, sal y aditivos artificiales.

Por otro lado, la ansiedad, el estrés, la soledad o la inseguridad pueden llevar al "comer emocional, una conducta en la que se busca calmar las emociones con alimentos, especialmente aquellos altos en azúcar o grasa, o bien puede producirse una pérdida de apetito en un proceso de pérdida del autocuidado".

El efecto que tiene en nuestro cerebro este tipo de comidas adictivas es parecido a lo que producen las drogas, por su afecto de placer momentáneo, por lo que puede suponer un problema a largo plazo si no se aprende a gestionar. "La exposición prolongada en el tiempo a este tipo de conductas adictivas, reconfigura nuestra corteza prefrontal, limitando nuestra capacidad de concentración, nuestra toma de decisiones, razonamiento…haciendo cada vez más complicado liderar en primera persona un cambio consciente de este tipo de conductas", advierte María Baquero. Por ello es necesario pedir ayuda a un profesional que cuente con un equipo multidisciplinar y abarque dicha situación desde diferentes ángulos como la nutrición y la psicología.

Para poder gestionar ese cambio de hábitos y rutinas que se producen al iniciar una relación, María Baquero propone algunos consejos para mitigar los efectos que producen en nuestro peso, como “cocinar juntos y cenar sin pantallas ni distracciones, así se pueden utilizar estos momentos para conversar y liberar parte del estrés que acumulamos a lo largo del día". También es recomendable generar una rutina de horarios comunes y planificar el menú conjuntamente, ya que esto "ayuda a tomar decisiones más conscientes sobre lo que se va cocinar".

La actividad física debería estar presente ya sea de forma individual o de manera conjunta con actividades que apetezcan y gusten a las dos partes porque, además, "el movimiento compartido fortalece a uno mismo, y también  la relación". Por último hay otro punto importante que tiene que estar presente en todas las relaciones, que es el diálogo: "Es importante dialogar sobre cómo nos sentimos con nuestra nueva rutina o si necesitamos realizar algún cambio y proponer soluciones y alternativas que involucren a ambas partes", apunta Baquero.

Baquero concluye con una reflexión que resume su enfoque integral: “Tu cuerpo es el único hogar en el que habitarás toda tu vida. Cuídalo desde la consciencia y la salud, abraza los cambios que ocurran en él en una fase tan bonita como la del enamoramiento, incluso aunque ello suponga ganar unos kilos”.

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