Las heridas de tu infancia te definen como adulto: "Se ven en nuestra vida sin ser conscientes"
Cuando se dice que los niños son esponjas no es un decir, es una realidad que tiene que ver con que es en las edades tempranas en las que se desarrolla la forma de ser de cada uno de nosotros y nuestra forma de ver y vivir en el entorno en el que nos rodea. Esa etapa de infancia y adolescencia marca una huella decisiva en la vida de una persona que, si ha tenido carencias u otros problemas emocionales, se traducirá en un adulto con unas heridas emocionales de infancia, que tendrán un gran impacto en su vida adulta.
Como adultos, nuestra forma de actuar está determinada por lo que aprendimos en esa infancia y adolescencia, cómo nos enseñaron el mundo, cómo nos han tratado, cómo hemos visto que había que relacionarse con los demás y con lo que nos han marcado como "el bien o el mal". Afortunadamente, desde hace unos años hay una fuerte tendencia a preocuparse por la salud mental de los más pequeños y prestarle una especial atención a cómo educarlos en la afectividad emocional, pero hasta ahora no había sido así, por lo que las generaciones que ahora están siendo padres vienen con heridas emocionales que, en la mayoría de los casos, ni saben identificar.
"La infancia moldea nuestra manera de amar y relacionarnos, por lo que si hemos crecido bajo el influjo de heridas emocionales que no están resueltas es muy probable que en la vida adulta tengamos muchas dificultades para establecer vínculos sanos", apunta Patricia Fernández Gil, psicóloga directora de UAD, el centro privado de salud mental infanto juvenil más grande de Aragón.
Para poder identificarlas, primero es necesario conocer qué son y qué impacto tienen en la vida adulta. "Las heridas emocionales de infancia son experiencias dolorosas que dejan una marca en nuestra autoestima y en nuestra forma de relacionarnos con el mundo y se categorizan en cinco tipos: herida de rechazo, de abandono, de traición, de humillación y de injusticia", explica Patricia Fernández.
La importancia de conocerlas y reconocerlas en nuestro comportamiento es clave, ya que si no se sanan, "se convierten en patrones inconscientes de comportamiento y afectan a nuestras decisiones y a nuestras relaciones en la vida adulta", determina. Por poner un ejemplo claro, si una persona durante su infancia creció sintiéndose abandonada por alguna de sus figuras de referencia como su madre o su padre, podría desarrollar de adulto miedo a la soledad o una gran dependencia emocional.
CÓMO IDENTIFICAR LAS HERIDAS EMOCIONALES
El entorno en el que se gestan estas heridas es los núcleos familiares más cercanos, en figuras como mamá y papá y otras figuras cuidadoras del entorno familiar. Otro núcleo importante donde se generan estas heridas es en el ámbito educativo, especialmente de los 0 a los 18 años, "de ahí la importancia de que en todos los colegios haya respeto y educación positiva", apunta la directora del UAD.
Patricia Fernández establece unos patrones con los que podemos identificar estas heridas emocionales, que podrían ser: "reacciones emocionalmente intensas ante situaciones que, en principio, no requieren esa intensidad; patrones repetitivos en las relaciones personales o laborales; miedo al rechazo, el abandono o la crítica; dificultades para poner límites y confiar y, por último, una exigencia extrema y un sentimiento constante de no ser suficiente", aclara la psicóloga.
Una vez que hemos identificado que podríamos tener heridas emocionales sin sanar que están afectando a nuestra vida y están impactando negativamente en nuestras relaciones personales, es importante ponerse en manos de un equipo profesional, ya que "poder sanar estas heridas nos permite volver a establecer relaciones basadas en el respeto, la confianza y el equilibrio"
CÓMO MINIMIZAR EL IMPACTO DE LAS HERIDAS EMOCIONALES EN LOS NIÑOS
“Nadie pasa en esta vida sin heridas”, menciona Patricia citando a Carl Gustav Jung. Desde UAD, que cuenta también con un equipo experto en infancia y adolescencia, mencionan algunas de las estrategias que las familias pueden emplear para minimizar esas heridas emocionales ya que, aunque se intente hacer todo de la mejor manera posible, "nuestros hijos siempre van a tener alguna experiencia dolorosa que les marque", comenta Patricia.
En este sentido, el primero de los consejos para orientar a las familias es que las emociones sean validadas y nunca cuestionadas, "frases como 'deja de llorar' o 'no tengas miedo' deberían tirarse a la basura", apunta la psicóloga. De esta manera podremos brindar a los niños un "un espacio de seguridad emocional en el que se sientan amados y valorados sin condiciones y como son".
Otras recomendaciones pasan por evitar las etiquetas, fomentar la comunicación, escuchar sin juzgar y sin reaccionar de manera extrema y, lo más importante, ser ejemplo, porque "los niños se pierden en los discursos que les damos, aprenden de lo que ven". Estos consejos no evitarán los problemas ni las heridas que puedan tener en un futuro, pero si lograrán minimizarlas. "Criar con amor y respeto da una base muy sólida para la vida adulta y es el mejor legado que podemos dejarle a los niños", finaliza Patricia Fernández.