La ciencia avisa: la temperatura corporal normal ya no es 36,6 ºC

Un nuevo estudio revela un cambio en los estándares de temperatura corporal tras más de 150 años.
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Investigadores de Stanford han descubierto que la cifra de 36,6 ºC podría no reflejar la realidad actual.

La creencia de que la temperatura corporal normal es de 36,6 ºC está siendo cuestionada por la ciencia. Un estudio de la Universidad de Stanford, liderado por el equipo de Julie Parsonnet, analiza datos históricos y concluye que el promedio ha cambiado, estableciendo un nuevo parámetro que podría transformar la manera en que evaluamos la salud.

El origen de los 36,6 ºC: una referencia histórica

El estándar de 36,6 ºC tiene más de 150 años. En 1868, el médico alemán Carl Wunderlich publicó un extenso análisis basado en un millón de mediciones de temperatura en 25.000 pacientes. Según su estudio, la temperatura corporal afebril o normotermia oscilaba entre los 36 ºC y los 37 ºC, fijando los 36,6 ºC como el promedio ideal. Este valor se convirtió en un referente médico global.

Con los años, otros estudios respaldaron este parámetro. En 1935, un análisis publicado en el Journal of the American Medical Association ajustó ligeramente los valores normales entre 36,7 ºC y 37 ºC, reafirmando que la fiebre comienza por encima de este último límite. Estas conclusiones fueron adoptadas por organizaciones médicas de renombre, como la Academia Americana de Médicos de Familia.

Sin embargo, los avances en ciencia y tecnología han permitido analizar con mayor precisión los datos históricos y cuestionar esta creencia arraigada. Los investigadores de Stanford han descubierto que la cifra de 36,6 ºC podría no reflejar la realidad actual.

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El estándar de 36,6 ºC tiene más de 150 años.

La nueva temperatura corporal normal: ¿qué dice la ciencia moderna?

El estudio de Stanford analizó cientos de miles de registros de temperatura recopilados a lo largo de los últimos 150 años. Los resultados muestran un descenso gradual en la temperatura promedio del cuerpo humano, situándola actualmente en torno a los 36 ºC.

La razón de este cambio no está del todo clara, pero los científicos manejan hipótesis interesantes. Una de ellas sugiere que las mediciones de Wunderlich se realizaron en una sociedad más propensa a infecciones y enfermedades crónicas, lo que elevaba la temperatura corporal. Con los avances en higiene, medicina y estándares de vida, el organismo humano ha experimentado una adaptación gradual, reflejada en temperaturas más bajas.

Otra teoría plantea que las mejoras en el control ambiental —como la calefacción y la refrigeración modernas— han reducido la necesidad del cuerpo de regular la temperatura de manera extrema. Esto, combinado con cambios metabólicos y un menor nivel de inflamación crónica en la población general, podría explicar el descenso.

Aunque la diferencia entre 36,6 ºC y 36 ºC pueda parecer mínima, sus implicaciones médicas son relevantes. Por ejemplo, esto podría llevar a redefinir los umbrales para diagnosticar fiebre o evaluar la salud general.

El hallazgo de Stanford no solo redefine lo que entendemos por temperatura corporal normal, sino que también nos recuerda que los estándares de salud evolucionan con el tiempo. Adaptarnos a este cambio es fundamental para seguir avanzando en medicina y bienestar.

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