Los asesinatos de Patricia y Rebeca. El 'seductor' que no aceptaba de sus parejas un no por respuesta
Mató a su mujer disparándole hasta en nueve ocasiones y dieciséis años después acabó con la vida de su abogada degollándola
José Javier Salvador podría haberlo tenido todo. El matrimonio con su novia de toda la vida, Patricia era un ejemplo a seguir por muchos vecinos de La Puebla de Híjar. Se conocieron cuando tan solo tenían 14 años de edad; una de esas parejas de pueblos que llevan juntos casi toda la vida.
Javier, 'El Pájaro', como le conocían en su pueblo por su fama de seductor y camelador, tenía una empresa y se dedicaba a la construcción. Había formado con Patricia una familia y todo parecía ir a las mil maravillas, de puertas para afuera.
Patricia Maurel empezó a crecer y buscar un camino profesional que le gustaba, el de la política. Aquel mes de mayo de 2003 se preparaba para presentarse a la alcaldía de su pueblo como candidata del Partido Popular. Según los amigos de la pareja, la relación llevaba meses sin funcionar y él incluso había difundido el rumor de ciertas infidelidades por parte de su mujer.
Javier defendería esta teoría años después, en 2005, durante su juicio en la Audiencia Provincial de Teruel. Volviendo a aquella tarde noche de mayo, concretamente de 24 de mayo, Patricia Susana Maurel Conte, de 29 años de edad por aquel entonces, estaba con sus compañeros de partido preparándolo todo de cara a la campaña electoral. Habían quedado, como tantas otras veces, en el bar Brillante, de la localidad turolense.
Sobre las ocho y media de la tarde, su marido llegó en una furgoneta blanca y tocó el claxon un par de veces para que su mujer saliese. Lo último que oyeron sus amigos fue "tranquilos, enseguida os la devuelvo". Pero Patricia, madre entonces de tres hijos, nunca regresó.
La madre de la víctima denunció telefónicamente a la Guardia Civil casi tres horas después, que su hija había sido amenazada de muerte por su marido en el bar. Comenzaban a sospechar el peor de los desenlaces. Javier había llevado a su mujer a una zona despoblada, por un camino de tierra cercano a la localidad.
Allí habían discutido, momento en el que él sacó una escopeta del maletero que había comprado en Quinto de Ebro días antes, y le disparó a bocajarro al menos nueve tiros. Algunos de ellos eran mortales de necesidad.
Javier, tras matar a su esposa, la preparó como si de un ritual se tratase, extendiendo su pelo, dejando sus zapatos junto a los pies y depositándola sobre un lateral del camino casi hasta con cierto mimo. Después se marchó del lugar y se dirigió en su furgoneta hasta Teruel.
Una vez llegó al hospital, José Javier Salvador Calvo hizo una pausa y dijo a los allí presentes: "Creo que he matado a mi mujer". La Guardia Civil lo detuvo como principal sospechoso de aquel crimen machista y entró en prisión a la espera de un juicio que llegaría dos años después bajo una gran expectación mediática.
El cuerpo de Patricia fue encontrado cerca de las dos de la madrugada a dos kilómetros del pueblo. Su marido declaró que la escopeta con la que mató a su mujer, una carabina marca Pietta-01, calibre 22, la había comprado días antes y tenía toda la documentación en vigor. Al armero le dijo cuando le pagó que se la llevaba porque quería darle una sorpresa a uno de sus hijos.
Un seductor que encontró a su segunda víctima en la cárcel
Salvador fue condenado a 18 años de prisión por el asesinato de su mujer en mayo de 2003 y a cinco años tras cumplir la condena de alejamiento de La Puebla de Híjar, de sus hijos y de la familia de Patricia. La sentencia de la Audiencia de Teruel le impuso además indemnizaciones por valor de 120.000 euros a cada uno de sus tres descendientes, entonces menores de edad, aunque reconoció como atenuante su confesión ante la policía.
El jurado popular concluyó de manera unánime que fue un crimen con alevosía y en el que la víctima no pudo defenderse. Que tenía la intención de cometerlo y lo preparó todo días antes para acabar con la vida de su entonces mujer.
Javier Salvador Calvo estuvo preso en la cárcel de Teruel entre 2003 y 2013, año en el que fue trasladado al centro de inserción de Zuera, y logró la libertad condicional en enero de 2017 .Tras salir de prisión, se instaló en Zaragoza donde tenía una pequeña empresa de construcción. Su comportamiento en prisión hizo que saliese antes de lo previsto.
Para entonces mantenía ya una relación con la que fuera su abogada, Rebeca Santamalia, durante el proceso judicial por el crimen de su mujer que, según fuentes cercanas, iba más allá del ámbito meramente profesional.
Cuando Javier comenzó a disfrutar de la condicional, vivía en un piso en la calle Pradilla, no muy lejos de despacho de Rebeca, en el número 48 de la avenida Tenor Fleta. Javier y Rebeca eran amantes, un secreto a voces por aquel entonces. Una situación muy compleja tras defenderle por el asesinato de su mujer.
Rebeca decidió dar un paso y tomar una decisión en su vida. Según fuentes cercanas, en enero de 2019 habló con Javier sobre la posibilidad de dejar la relación que ambos mantenían en secreto. El diecisiete de enero, Rebeca apareció muerta en la vivienda de Javier, degollada y con múltiples heridas de arma blanca.
Esa misma noche, el asesino viajó hasta Teruel. La Policía lo descubrió corriendo de madrugada por una de las calles de la capital turolense. Instantes después, Salvador se lanzó al vacío desde el Viaducto. Eran las doce y media de la medianoche.
Aquí terminó la historia de un hombre que tenía todo lo que quizá muchos anhelaban. Una familia, hijos, un entorno en que el se sentían queridos, pero todo cambió porque decidió que la vida de dos mujeres que llegaron a quererse tenía que ser suya, y de nadie más.

