El peligroso delincuente que suma siete años más de condena por dar una paliza a su padre
Ha pasado más tiempo en prisión que en libertad y parece que su vida va a seguir sin muchos cambios. El juez titular del Juzgado de lo Penal número 8 de Zaragoza acaba de dictar una nueva sentencia contra Pablo Miguel Canales.
Fue acusado de dar una paliza a su padre en Ejea de los Caballeros, en la vivienda que ambos compartían. Era ya de madrugada y los gritos y golpes se oían por todo el edificio. Pablo y su padre, Juan Pablo, estaban enfrascados en una discusión que acabó de la peor manera posible.
Era un cinco de mayo de 2024 y Canales hijo no tuvo reparo alguno en empezar a golpear a su progenitor, de 75 años de edad, agarrándole bruscamente del cuello y propinándole bofetadas y puñetazos en la cabeza y en la cara.
El padre del acusado acabó en el suelo, donde, según la sentencia judicial al que ha tenido acceso HOY ARAGÓN, su hijo continuó dándole patadas en las piernas, a pesa de que sabía que su padre llevaba prótesis en las rodillas. "Te voy a matar; ten cuidado que te voy a matar", le decía gritándole mientras no paraba de golpearle.
Seguía insultándole, cuando el hombre consiguió incorporarse del suelo como pudo, se dirigió a su habitación y temiendo por su vida, llamó a la Policía Local de Ejea de los Caballeros, cuyo número de teléfono guardaba en una agenda por temor a que le pasase algo.
Los agentes llegaron a los pocos minutos acompañados de efectivos de la Guardia Civil de Cuartel de Ejea de los Caballeros. "No voy a abrir la puerta; soy capaz de cargarme a cualquiera, así que no me toquéis los cojones ni mierdas", decía Canales hijo a los policías que llamaban en ese momento a la puerta de su casa.
Juan Pablo lanzó las llaves por una ventana de la vivienda permitiendo el acceso a la misma a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que seguían siendo objeto de amenazas y gritos por parte del presunto agresor, que cada vez estaba más alterado.
"Me bebí tres botellas de pacharán y fumé un porro"
En todo momento, dice la sentencia, la actitud del acusado fue menospreciativa hacia la Fuerza Pública, así como desafiante, agresiva, entorpeciendo la intervención y no colaborando en ningún momento con los agentes.
Primero intentaron reducirlo con con aerosol de defensa, sin éxito. En ese momento, retrocedió, metiéndose en una habitación dónde comenzó a lanzar toda clase de objetos contundentes y enseres como lámparas, objetos de decoración, jarrones, calefactores o espejos o un travesaño suelto de la puerta de entrada, objetos que no alcanzaron a los policías que consiguieron esquivarlos.
Después solicitaron el uso de un dispositivo electrónico no letal, conocido como pistola 'taser' con la que finalmente lo redujeron. Los guardias de la unidad USECIC consiguieron sacarle del edificio detenido cerca de las cuatro de la mañana, casi tres horas después de la llamada de auxilio.
Tras el informe forense, se constató que Canales consumía sustancias como cocaína, y bebidas alcohólicas. Él mismo dijo que ese día en el que golpeó a su padre se había bebido al menos tres botellas de pacharán y un porro. Si embargo, los peritos no apreciaron alteraciones sensoperceptivas, ni alteraciones de memoria o de curso y contenido del pensamiento.
El juez ha tenido en cuenta ese comportamiento violento y la reincidencia en los delitos y ha condenado a Canales, defendido por los letrados Carmen Sánchez y Luis Ángel Marcen, que ya estaba en prisión por otros motivos, a casi siete años de cárcel que se suman ya a una condena de por si larga que ya estaba cumpliendo. Una vida de delitos y un peligro para él mismo y los demás, dice el magistrado, que sigue sumando años a una condena que ya parece eterna.

