Torturas y abusos en el centro de Menores de Ateca: piden la libertad para uno de los detenidos

Uno de los abogados de los detenidos ha presentado alegaciones para su puesta en libertad y dice que no hay riesgo de fuga ni de que vaya a acercarse a ninguna de los menores víctimas presuntamente de torturas y abusos.
Imagen de la entrada al Centro de Menores de Ateca/ web Fundación Salud y Comunidad
Imagen de la entrada al Centro de Menores de Ateca/ web Fundación Salud y Comunidad

La Instrucción de caso del Centro de Atención a Menores de Ateca (CAM) continua con nuevas informaciones al respecto de las investigaciones realizadas por la Guardia Civil y las conclusiones que va sacando de la Instrucción la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Calatayud, Aída Ramírez.

Si hace un día, el servicio de comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Aragón publicaba que Ramírez, tomaba declaración al supervisor del centro , Miguel Ángel V.P., como investigado por delitos cometidos contra menores residentes.

Se le acusa de omisión del deber de socorro, lesiones, torturas, delitos contra la integridad moral y agresión sexual a menores de edad. Habla la jueza de una responsabilidad, la de Miguel Ángel V.P. y anterior director del centro de menores, como estos cooperador necesario y será objeto de investigación. 

Ha quedado en libertad sin fianza, vigilada y con cargos. Mientras esto sucedía, horas después uno de los letrados que participa en el caso, Marco Antonio Navarro, acudía a la Audiencia Provincial de Zaragoza para presentar una serie de alegaciones.

Se trataba de exponer delante de tres magistrados la situación procesal de su cliente, uno de los cinco detenidos el pasado mes de agosto. Este letrado zaragozano ha argumentado que debería estar en libertad provisional con cargos en vez de en prisión, donde lleva ya casi dos meses.

Para ello ha argumentado que su cliente, acusado de torturas y agresión sexual a menores, es el menos implicado en los hechos, además no existe ningún riesgo de fuga y ya no puede acercarse a las víctimas ya que el centro de Ateca está cerrado y él, como el resto de los detenidos, fue despedido de manera inmediata. 

Habrá que esperar a la decisión de los magistrados. Recordemos que el pasado 2 de agosto, la jueza instructora mandó a Mohamed B., Youssef B., Abdelilah A. y Alexandru R. A. a prisión por ser autores de delitos de agresión sexual a una menor.

Vio indicios suficientes de criminalidad para poder considerar a los detenidos responsables de los hechos. Hay once denuncias pero podrían ser más a tenor de la instrucción del caso.  Respecto de los otros cuatro detenidos, los dos menores denunciantes explicaron haber sufrido, junto a otros menores, tratos degradantes, físicos y psicológicos de forma constante y reiterada en el tiempo por parte de cuatro de los detenidos.

VÍDEOS DE QUEMADURAS, TORTURAS Y AGRESIONES 

Este diario digital ya hablaba hace unos días de la existencia de unos vídeos en los que podría verse a los detenidos realizando las torturas a los menores de las que les acusan. Una de las víctimas explicó a la jueza que le obligaron a estar de pie injustificadamente durante horas con los brazos en alto, que no ingirió alimento durante días y que llegó a defecarse encima por miedo, sin que le permitieran cambiarse ni asearse.

Otra menor contó como desde su llegada al centro en el año 2021 le insultaban y le hacían comentarios de carácter sexual acerca de su madre. Además, le agredían injustificadamente mediante bofetadas, empujones y contenciones desproporcionadas y, le quemaban cigarrillos en los brazos y en las piernas.

 pudiéndose apreciar directamente por esta juzgadora que la menor tiene diversas marcas por quemaduras de cigarrillos a lo largo de sus brazos”. A estos episodios de abuso físico se añadían otros de índole psicológica y sexual.

La magistrada apreció en estos testimonios una clara muestra de la barbarie y de la extrema crueldad que sufrieron los menores durante un largo periodo de tiempo. En su informe explicó que los detenidos siempre recriminaban a sus víctimas que “nadie les creería” y que “no los querían ni sus familias”.

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