La tragedia que costó la muerte a un joven en la Nochevieja de 2013 y que mantuvo en vilo a toda Zaragoza

Desapareció en Nochevieja y los restos del estudiante brasileño de 19 años Víctor Da Silva fueron hallados el 29 de abril
Imagen del cartel de desapariciones con su fotografía que se podía encontrar en muchos puntos de la capital aragonesa/E.P.
Imagen del cartel de desapariciones con su fotografía que se podía encontrar en muchos puntos de la capital aragonesa/E.P.

Aquel diciembre, como lo está siendo éste, las temperaturas se aproximaban en plena madrugada a los cero grados centígrados. Noches gélidas como lo va a ser la de esta Nochevieja, donde la mezcla del frío y el alcohol pueden jugarnos una mala pasada. 

Es lo que le sucedió al joven estudiante brasileño de 19 años Víctor Da Silva aquella madrugada del uno de enero de 2014. La desaparición del joven acaparó los titulares de prensa regionales, nacionales e incluso internacionales. Su familia, al ver que los días pasaban y Víctor no aparecía, voló desde Brasil para estar presente en la búsqueda y en contacto directo con la Policía Nacional, cuyos investigadores llevaban el caso. 

Llegaron incluso a ofrecer una recompensa de 10.000 euros, ante la desesperación de no encontrar al joven por ningún lado, para cualquier persona que diese alguna pista, aunque fuese mínima, del paradero del estudiante de origen brasileño.

Fue a las siete de la tarde de un martes, 29 de abril de 2014, cuatro meses después de su desaparición, cuando una persona llamó a la sala CIMACC 091 para alertar de unos restos humanos que había encontrado en el camino de Cogullada de la capital aragonesa que podrían corresponder al brasileño de 19 años.

La noche de su desaparición, Víctor estaba de fiesta, como tantos otros en Zaragoza, celebrando la entrada del 2014. Concretamente disfrutaba en un cotillón en la zona del meandro de Ranillas de Zaragoza.

El cuerpo del joven fue encontrado exactamente en el polígono de Cogullada y bajo la A-2, donde pudo quedarse dormido probablemente el día de su desaparición, en Año Nuevo. Fueron meses de búsqueda, de mucha tensión y preocupación y donde no se descartaba ninguna posibilidad, incluso que hubiese sido víctima de un ataque o agresión violenta. 

La policía trianguló con las antenas de telefonía de la zona su teléfono móvil y éste lo situaba en el entorno de la Avenida de Cataluña, muy cerca de su domicilio. Según publicaciones de aquellos días, el propio Víctor da Silva habría mandado un mensaje de Whatsapp a una amiga suya de Valencia sobre las 09.45 horas, en el que no se advertía, en principio, de ningún tipo de peligro. A esto hay que añadir que un testigo le vio andar por la avenida Pablo Ruiz Picasso.

Los bomberos rastreaban el Ebro, mientras los investigadores se entrevistaban con todos y cada uno de los amigos de Víctor que estuvieron con él o lo vieron aquella Nochevieja en el Pabellón Ceremonias del Espacio Ebro.

Eran unos doce amigos los que estaban con Víctor aquella noche cuando, según la declaración de alguno de ellos, éste desapareció. Lo hizo a escasos minutos de que la fiesta finalizara, y sin haberse producido ningún tipo de incidente. Al principio no le dieron importancia, pero sí empezaron a alertarse cuando no volvieron a saber nada de él. Fueron a su casa y al ver que no había llegado, se dirigieron a la comisaría de la Policía Nacional en el barrio del Arrabal para interponer la correspondiente denuncia por desaparición.

"Se subió el cuello de la chaqueta y se quitó uno de los zapatos"

El hallazgo de esos restos humanos en el entorno del polígono de Cogullada dieron paso al trabajo de los forenses del Instituto de Medicina Legal de Aragón. Salvador Baena y Paulino Querol dirigieron los trabajos y publicaron casi quince días después de que se hallasen los restos, un informe de la autopsia que fue entregada en el Juzgado de Instrucción número 1.

Fueron ellos quienes hablaron directamente también con la familia de Víctor, en concreto con su madre, Renilda. Lo primero que explicaron es que los restos habían sido hallados en un avanzado estado de descomposición, en la base del puente de la Ronda Norte, cubiertos por medio metro de hierba, y con ellos había también restos de ropa.

La causa de la muerte de el joven, que residía en Zaragoza desde los ocho años y estudiaba primero de Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Zaragoza, fue un shock cardiogénico producido por el frío de esos días de Navidad. El informe de 20 folios resumió un trabajo minucioso con casi 300 fotografías de los restos óseos que descartaban una muerte violenta por parte de terceras personas.

Víctor da Silva, según dicha autopsia, apareció acurrucado, con el cuello de la chaqueta subido para cubrirse del frío y llegó a quitarse un zapato y el otro a medias para estar más cómodo. el frío intenso de aquella primera madrugada del año 2014 y el alcohol ingerido por el joven hicieron el resto.

Al frío se unió la gran cantidad de alcohol que consumió aquel día en el cotillón de Nochevieja en Ranillas (la Policía Local lo sancionó por meterse ebrio por la carretera en la avenida de Pablo Ruiz Picasso), lo que hizo que su temperatura corporal bajara y chocó con el frío del exterior. Los efectos sedativos de la intoxicación etílica, unidos al cansancio y al frío hicieron que Víctor quedase inconsciente hasta perder la vida.

Un abrigo oscuro cubría el cuerpo de Víctor da Silva y sus restos eran poco visibles. Por eso, explicaron los investigadores, no fue hallado antes. Los forenses detallaron a la madre que su hijo tenía lesiones de deportista en la rótula y en un tobillo, que han podido determinar al examinar los huesos y el joven Víctor era un jugador de tenis y pádel .

La familia del joven descansó en paz, sobre todo, dijo su madre entonces, al saber que su hijo no había sufrido una muerte violenta. Fue enterrado en el cementerio de Torrero en Zaragoza donde sus restos siguen descansando en paz.

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