Zaragoza para millennials: hoy se consideran ratas voladoras, hace años se vendía comida en el Pilar para alimentar a las palomas

Hoy está prohibido dar de comer a las palomas y el ayuntamiento intenta controlar su población. Pero décadas atrás, se vendía comida para alimentarlas en la plaza del Pilar

Puesto ambulante de venta de comida para las palomas en el Pilar / Eszaragoza
Puesto ambulante de venta de comida para las palomas en el Pilar / Eszaragoza

Hay imágenes que varias generaciones de zaragozanos tenemos grabadas en la memoria. Y una de ellas, es ver a los niños por la bandeja de la plaza del Pilar todavía sin reformar, correteando detrás de las palomas de forma despreocupada. Eran tiempos en los que a esa plaza no se le llamaba el salón de la ciudad. Ni había eventos en ella casi a diario. 

En esa plaza de una Zaragoza que acababa de salir de la dictadura, y que todavía tenía en la cabeza los bailes de gala en La Lonja, muchos abuelos llevaban a sus nietos a jugar allí. Yo mismo me acuerdo de ir con mi yayo Pedro a ver a la Virgen y al antepasado que mi familia tiene enterrado en el Pilar, y jugar en el exterior de la basílica. En esas visitas, muchas veces caía un barquillo de los que vendían en la misma plaza los vendedores ambulantes

Y también me solía comprar comida para las palomas. Porque aunque hoy muchas personas las consideran ratas voladoras, y las propias autoridades intentan mantener controlada la población de palomas para evitar que con sus excrementos destrocen tejados, provoquen goteras, estropeen monumentos o transmitan enfermedades, en otros tiempos eran simpáticos animalitos que daban el toque natural a la vida urbana. 

LAS PALOMAS, UN CLÁSICO DE LA PLAZA DEL PILAR

De hecho, en los años de la segunda mitad del siglo XX, las palomas eran uno de los símbolos de Zaragoza. Era difícil imaginar la plaza del Pilar sin bandadas de palomas sobrevolando este espacio, y sin niños corriendo detrás de ellas. Las fotos dando de comer a las palomas  eran tan habituales como las fotos dando de comer a las ardillas en Central Park en Nueva York. Y con cámaras analógicas, por supuesto, las cámaras del teléfono móvil era pura ciencia ficción.

Las vendedoras de comida para palomas eran parte del paisaje urbano de esta zona de la capital aragonesa. Seguro que muchos de nuestros lectores más mayores recuerdan a las vendedoras, con sus mesas de camping plegables y las sombrillas en los días de verano para combatir el sofocante calor del estío zaragozano.

Los puestos más sencillos, ideales para los días de cierzo, eran una simple caja de madera de las que se usa para recoger fruta, utilizada como mesa. En ocasiones, las vendedoras llegaban a ser niñas, en aquellos años en los que España necesitaba avanzar tanto en escolarización, y era habitual que los menores de edad tuvieran que trabajar. 

Y los granos de cereal para las palomas estaban envueltos en paquetitos que formaban montañas para alegría de los niños y niñas de esa Zaragoza que comenzaba a ser moderna. Lo felices que éramos al dar de comer a las palomas, y ver como acudían por decenas rodeándonos en cuestión de segundos.

La costumbre de vender y dar comida a las palomas perduró hasta el 2010. En aquel año, y cuando las palomas comenzaron a convertirse en un problema de sanidad pública y una amenaza para la pervivencia de muchos monumentos zaragozanos, el Ayuntamiento de Zaragoza decidió prohibir dar de comer a estas aves bajo sanción de 90 euros. 

Pese a los intentos de la policía local por ahuyentar a las vendedoras ambulantes, la costumbre todavía perduró. Pero con el paso de los meses, y de los años, quedó como un recuerdo de esas generaciones que hoy ya comenzamos a peinar canas, y que ha visto cómo Zaragoza se transformaba por completo.

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