El bar de Zaragoza que tuvo un cocodrilo durante más de 20 años: la historia de Bartolo

Durante los años 90, un bar polinesio en la calle Costa albergó en su interior a Bartolo, un cocodrilo amazónico de casi dos metros
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El bar de Zaragoza que tuvo un cocodrilo durante más de 20 años: la historia de Bartolo / Vía: El Milloncete (Antonio Saz)

En Zaragoza hay historias que parecen inventadas, pero que son absolutamente reales. Una de ellas es la de Bartolo, el cocodrilo del bar Noa-Noa, un local de ambiente polinesio situado en la céntrica calle Costa, muy cerca de la plaza de Los Sitios.

Durante los años 80 y 90, Bartolo fue uno de los animales más famosos de la ciudad. A los clientes que acudían al baño les tocaba pasar junto a su jaula de madera y cristal, donde este reptil amazónico descansaba.

Según recogía Heraldo de Aragón en 1994, Bartolo llevaba ya 16 años viviendo en el bar. Medía casi dos metros, pesaba alrededor de 60 kilos y podía llegar a comer hasta un kilo de carne en un solo día, sobre todo higadillos de pollo y codornices. Aunque procedía del Amazonas, pasó la mayor parte de su vida bajo un techo de cristal en Zaragoza.

Un rincón exótico en plena calle Costa

El Noa-Noa no solo era un bar: era un pequeño viaje a la Polinesia sin salir de la ciudad. Decorado con madera y motivos tropicales, su fachada metálica recordaba a la de otro mítico local exótico, el Pago-Pago. Dentro, además de Bartolo, convivían otros animales: dos tortugas llamadas Margarita y Misteriosa y, durante algún tiempo, una pitón de nombre Manolita.

Bartolo tenía sus costumbres. Le gustaba colocarse bajo los rayos infrarrojos de la jaula, donde encontraba calor. Su cuidado diario corría a cargo de Paco Plaza, encargado de limpiar su espacio y de cambiarle el agua, además de alimentarlo.

La polémica y los papeles en regla

Ya en los 90, varias asociaciones de defensa de los animales protestaron por el reducido espacio en el que vivía Bartolo. Incluso llegaron a acudir representantes del ICONA (Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza) con la intención de llevárselo. Sin embargo, sus dueños mostraron la documentación y confirmaron que el animal tenía todos los papeles en regla, por lo que pudo seguir en el local hasta el cierre del Noa-Noa en 1998.

El recuerdo del Noa-Noa

El bar cerró a finales de los 90, pero dejó tras de sí un recuerdo imborrable. Una de las curiosidades más llamativas es que el Noa-Noa aparecía en una sencilla caja de cerillas promocional, en la que también figuraba el Pago-Pago. 

Hoy, esas cerillas se han convertido en piezas de coleccionismo que pueden encontrarse en internet por 20 euros.

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Cerillas Noa Noa / Vía: El Milloncete (Antonio Saz)

¿Qué fue de Bartolo?

Tras el cierre del local, Bartolo fue trasladado a una tienda de animales del centro comercial Augusta. Más tarde, las protectoras se hicieron cargo de él, aunque su destino final nunca quedó del todo claro.  Algunas versiones apuntan a que pudo acabar en un zoológico o en un refugio especializado, pero nada llegó a confirmarse oficialmente.

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