La leyenda más trágica del Pirineo: así surgió la cordillera según la mitología
Cuando hoy miramos la imponente silueta de los Pirineos, cuesta imaginar que su nombre y su origen estén ligados a una historia de amor y tragedia. La leyenda cuenta que estas montañas surgieron como el mausoleo que el héroe griego levantó para su amada.
Hace miles de años, los valles pirenaicos estaban bajo el poder de Tubal. Su hija, la joven Pyrene, era tan hermosa que muchos hombres enfermaron de amor al verla. Sin embargo, ella solo tenía ojos para Hércules, con quien se veía en secreto en los bosques. Un día, Tubal descubrió el romance y desterró a Hércules. Desde entonces, Pyrene vagaba sola, triste, esperando el regreso de su amado.
En ese tiempo apareció Gerión, un ser monstruoso de tres cabezas que deseaba poseerla. Pyrene consiguió huir, pero Gerión, cegado por la rabia, incendió los bosques para atraparla. De ese fuego viene el nombre de la cordillera: del griego Pyros (fuego) y Neo (nuevo), “fuego nuevo”.
Mientras el fuego avanzaba, un águila, testigo de lo ocurrido, avisó a Hércules. El héroe corrió en su ayuda, pero cuando llegó, ya era demasiado tarde. Pyrene murió entre sus brazos, después de que él le jurara amor eterno.
Roto de dolor, Hércules decidió enterrarla allí mismo. Fue colocando enormes piedras sobre su cuerpo, una tras otra, hasta levantar montañas tan grandes que se extendieron desde el valle de Benasque hasta el de Arán. Así, según la leyenda, nacieron los Pirineos, convertidos en un monumento eterno a la belleza de Pyrene y al amor perdido de Hércules.
Con el tiempo, el relato ha llegado hasta nosotros no solo explicando el nombre de los Pirineos, sino también recordándonos cómo la mitología grecorromana dejó huella en la península ibérica.
Tres rutas para descubrir hoy los Pirineos
La leyenda de Pyrene explica el origen mítico de la cordillera, pero los Pirineos actuales guardan tesoros que merece la pena conocer. Estas son tres rutas imprescindibles:
El rincón menos conocido a 2.670 metros: en el Parque Natural de los Valles Occidentales, en el Pirineo aragonés más salvaje, esperan glaciares, bosques milenarios y cumbres de hasta 2.670 metros. Un lugar perfecto para quienes buscan naturaleza sin masificación.
Los ibones de Astún y Escalar: dos lagos de alta montaña de gran belleza, fáciles de alcanzar. El ibón de Astún, también llamado ibón de las Truchas, se puede visitar incluso tomando un telesilla desde la estación de esquí, lo que lo convierte en una excursión accesible para todos.
La Senda de Camille: una ruta circular de 120 km que conecta siete refugios y cruza la frontera francesa. Es exigente, pero no requiere experiencia técnica. Eso sí, conviene estar en forma y planificar bien las etapas.

