¿A qué debe su nombre la calle Predicadores? Un antiguo convento y la Casa de Amparo lo explican

La historia de un convento medieval, una desamortización y un edificio benéfico que aún se encuentra en el corazón de Zaragoza.
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Imagen: Scielo

La calle Predicadores es una de esas vías del Casco Histórico que todo zaragozano ha recorrido alguna vez sin detenerse a pensar en el origen de su nombre. Sin embargo, basta rascar un poco para descubrir que bajo sus adoquines existe una historia que conecta órdenes religiosas medievales, derribos, reformas urbanas y una de las instituciones más queridas de la ciudad: la Casa de Amparo.

Un nombre que nace de los dominicos

El nombre de la calle se debe al antiguo Convento de Santo Domingo, perteneciente a la Orden de Predicadores, fundado en 1260 y levantado en su mayor parte durante el siglo XIV. Este enorme conjunto religioso ocupó durante siglos el espacio en el que hoy se encuentran la Casa de Amparo y el Centro Cívico Luis Buñuel.

Su final llegó con la desamortización de 1836: el convento fue abandonado, gran parte de su estructura quedó destruida y la iglesia se derribó para ampliar la calle. Aun así, algunos espacios medievales sobrevivieron y serían clave para la siguiente etapa de este lugar.

El nacimiento de la Casa de Amparo

La Casa de Amparo surge en 1851 dentro de la Real Casa de Misericordia, como respuesta a un problema creciente: la presencia de ancianos sin recursos que ya no podían convivir en el mismo espacio que jóvenes, niños y personas en situación de marginación.

En 1871 se decide su traslado a Predicadores. Lo que quedaba del antiguo convento se consideró un lugar adecuado, tanto por espacio como por ubicación. La inauguración fue todo un acontecimiento: los residentes, doce Hermanas de la Caridad y la banda de música bajaron en procesión desde el Hogar Pignatelli hasta su nuevo hogar.

Un edificio construido por etapas

El primer pabellón lo diseña Segundo Díaz en 1870, aprovechando parte de las estructuras conventuales. Pero la silueta que hoy reconocemos es obra, sobre todo, de Ricardo Magdalena, quien entre 1885 y 1906 amplía el conjunto, organiza los patios y fija el estilo definitivo. Más tarde, ya en el siglo XX, arquitectos como Marcelo Carqué, Regino Borobio, José Beltrán o José de Yarza completan y embellecen el inmueble.

Dentro se conserva una joya poco conocida: la iglesia de la Casa de Amparo, que en su origen fue el dormitorio comunitario de los monjes dominicos.

El edificio que fue convento, museo, escuela militar y ayuntamiento

La historia del solar no se detiene ahí. A finales del siglo XIX, en este mismo espacio, Magdalena construye también la Escuela Militar Preparatoria, pensada para democratizar el acceso a la formación militar. En la práctica, duró apenas unos años con ese fin. Después, el edificio alojó el Museo de Zaragoza hasta 1911 y sirvió incluso como sede provisional del Ayuntamiento mientras se culminaba el edificio consistorial de la Plaza del Pilar.

Cuando llega el Colegio Luis Buñuel, solo quedaban en pie las fachadas. Predicadores es, por tanto, una calle construida por capas, donde cada época deja su huella.

De refugio de mendigos a residencia moderna

Aunque hoy la Casa de Amparo es una residencia pública para mayores dependientes, su origen no fue exactamente un asilo. Su misión inicial era acoger a todo tipo de personas sin recursos que habían perdido la capacidad de trabajar. Con el paso de las décadas, el centro evolucionó hacia la atención geriátrica especializada, incorporando personal sanitario, servicios sociales, actividades culturales y una organización moderna basada en la dignidad y el bienestar del residente.

Actualmente, la Casa de Amparo acoge a alrededor de 180 personas, con cuidados médicos, terapias, actividades y el acompañamiento de un gran equipo profesional y de las Hermanas de la Caridad, cuya labor sigue siendo fundamental.

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