La emoción y los llantos en la despedida al Papa Francisco en la Basílica del Pilar
La Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza fue escenario este domingo de una emotiva ceremonia en memoria del papa Francisco, fallecido la semana pasada. La eucaristía se celebró a las 20.00 horas y congregó a una gran cantidad de fieles, así como diversas autoridades políticas de Aragón, entre ellas el presidente de la comunidad autónoma, Jorge Azcón, la alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, y el delegado del Gobierno en Aragón, Beltrán Blázquez.
El acto litúrgico estuvo presidido por monseñor Carlos Escribano, arzobispo de Zaragoza, quien estuvo acompañado en el altar por los arzobispos eméritos Vicente Jiménez, Jesús Moliné y José Luis Redrado. También participaron en la concelebración varios canónigos del Cabildo Metropolitano, los vicarios episcopales y responsables de instituciones eclesiásticas locales, como el rector del Seminario y el director del CRETA.
La parte musical de la misa corrió a cargo del organista Juan San Martín y de la Capilla de Música Nuestra Señora del Pilar, bajo la batuta de José María Berdejo, quienes interpretaron piezas litúrgicas que contribuyeron a crear un ambiente de recogimiento y solemnidad.
Durante la homilía, monseñor Escribano destacó la coincidencia de la celebración con el Domingo de la Divina Misericordia, una festividad especialmente significativa para el papa Francisco, cuyo lema episcopal ('Miserando atque eligendo') hacía referencia a la misericordia como eje de su vida y pontificado. El arzobispo recordó, además, uno de los primeros gestos de Francisco tras su elección en 2013: su petición al pueblo de Roma para que rezase por él, gesto que subrayó su cercanía y humildad pastoral.
Asimismo, el prelado evocó uno de los momentos más simbólicos del pontificado de Francisco, la oración solitaria bajo la lluvia en la Plaza de San Pedro, durante los peores meses de la pandemia de COVID-19, en marzo de 2020. Un acto que, en palabras de Escribano, "quedará grabado en la memoria colectiva como símbolo de fe y esperanza en tiempos de incertidumbre".
El arzobispo resumió la herencia espiritual de Francisco en tres palabras esenciales: alegría, misericordia y esperanza. En cuanto a la alegría, subrayó la importancia de vivir el Evangelio con entusiasmo, tal como se recoge en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Sobre la misericordia, hizo referencia al Jubileo de la Misericordia y al compromiso del Papa con los más necesitados, siempre inspirado por la figura de San Francisco de Asís. Finalmente, resaltó la dimensión de la esperanza, recordando el Jubileo previsto para 2025 y la constante invitación del Pontífice a confiar en la Resurrección.
En el tramo final de su homilía, Escribano rememoró las palabras que Francisco dirigió a los católicos españoles durante el Congreso Nacional de Laicos de 2020, alentándoles a llevar el mensaje del Evangelio más allá de las estructuras tradicionales y a salir al encuentro de quienes más lo necesitan.
La celebración concluyó en un clima de profundo respeto y emoción. Numerosos asistentes no pudieron contener las lágrimas durante los momentos de silencio y oración. La ceremonia no solo sirvió para rendir homenaje al pontífice fallecido, sino también para expresar el afecto y la gratitud de la comunidad cristiana hacia una figura que marcó profundamente la historia reciente de la Iglesia.


