La iglesia con la fachada más sorprendente de Zaragoza está escondida dentro de un edificio oficial
El actual Edificio Pignatelli —sede del Gobierno de Aragón— esconde en su interior un tesoro que pasa desapercibido para la mayoría: una iglesia monumental oculta en el corazón del complejo.
Según recoge el documento histórico Real Casa de Misericordia / Hogar Pignatelli, una obra coordinada por Jorge Gay y Antonio Navarro que repasa con detalle la arquitectura y la vida de esta institución centenaria, el edificio, situado junto al paseo María Agustín y muy próximo a la plaza de toros, fue durante siglos el hogar y refugio de cientos de personas sin recursos.
Una institución benéfica convertida en una ciudad dentro de otra
Nacida en el siglo XVII, la Real Casa de Misericordia —origen del actual edificio— fue concebida como un gran complejo asistencial. En el plano original de 1774, trazado por el arquitecto Gregorio Sevilla, ya se dibujaba la presencia de un templo en el patio central, un lugar destinado a reflejar la importancia espiritual dentro de la vida cotidiana del recinto. Aquel plan inicial, sin embargo, no se materializó tal y como fue concebido.
Durante los siglos XVIII y XIX la Casa se expandió, se reformó y se consolidó como una institución esencial para la beneficencia en Zaragoza, pero la construcción de la iglesia no llegaría hasta casi un siglo después.
Un templo tardío que terminó siendo el alma del edificio
No fue hasta 1859, bajo el impulso del gobernador Ignacio Méndez Vigo, cuando se decidió iniciar de manera definitiva la edificación del templo. Tal como explica el documento citado, levantar la iglesia fue “el proceso más dificultoso de todo el conjunto”, debido a su ubicación: debía construirse prácticamente encerrada entre los muros del patio central, sin apenas entrada de luz natural.
El primer proyecto fue obra de Pedro Martínez Sangrós, cuya propuesta de estilo barroco templado —inspirada en la basílica del Pilar— pronto se mostró insuficiente. La falta de iluminación y las dificultades técnicas hicieron que, apenas un año después, se convocara un concurso para rediseñar la portada y la cúpula.
Atienza y la revolución arquitectónica
El concurso lo ganó Juan Antonio Atienza García, quien no solo replanteó el templo, sino que lo convirtió en una obra pionera dentro de la arquitectura zaragozana. Atienza sustituyó los elementos clásicos por arcos de medio punto, columnillas florales y una cúpula de tambor abierto perforada mediante una arquería que permitía que la luz descendiera desde lo alto hasta el interior.
Esa solución técnica y estética fue tan brillante que la iglesia pasó de ser un espacio secundario a convertirse en el elemento más vistoso del conjunto, destacando por lo “airoso de sus torres y su cúpula”, según detalla el mismo documento histórico.
El prestigio que Atienza alcanzó con esta obra fue tal que poco después se encargó de construir la cúpula central de la basílica del Pilar, una de las más reconocibles del skyline zaragozano.
La joya que sobrevivió al paso del tiempo
Con el cierre del Hogar Pignatelli en el siglo XX, el edificio quedó casi vacío hasta su elección en 1983 como sede de la recién creada Diputación General de Aragón. Paradójicamente, cuando se revisó el inmueble, la única parte catalogada como elemento de valor arquitectónico era la iglesia.
Durante la rehabilitación se confirmó lo que ya describía el documento: el templo era una pieza única de la arquitectura civil aragonesa. Hoy sigue en pie, oculta entre patios, muros y despachos administrativos, invisible desde la calle pero imponente en su interior.