El antiguo palacio en el Coso de Zaragoza por el que todos pasan y hoy pertenece a Caja Rural de Aragón

De residencia noble a símbolo del modernismo aragonés: el edificio que guarda más de cinco siglos de historia en pleno corazón de la ciudad.
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La historia del antiguo palacio en el Coso de Zaragoza que hoy pertenece a un banco / Todocoleccion

En el número 29 de la calle del Coso, en pleno centro histórico de Zaragoza, se alza uno de los edificios más elegantes y fotografiados de la ciudad. Su fachada modernista, con balcones de hierro forjado, columnas pareadas y ornamentación vegetal, llama la atención de quienes pasean entre la Plaza de España y la calle Alfonso I.

Lo que muchos desconocen es que detrás de esos muros se esconde una historia que comienza en el siglo XVI y que, tras siglos de transformaciones, hoy continúa viva como sede central de Caja Rural de Aragón.

Un palacio renacentista con orígenes nobiliarios

El origen del edificio se remonta a la primera mitad del siglo XVI, cuando el poderoso Juan Coloma, secretario de Fernando el Católico, mandó construir un palacio renacentista en este solar. De aquel esplendor aún se conservan tres artesonados originales, restaurados e integrados en las salas nobles del edificio actual. Durante siglos, el inmueble fue pasando de manos en manos, adaptándose a los tiempos y al pulso social del Coso, una de las arterias más dinámicas de la Zaragoza de entonces.

En el siglo XIX, el antiguo palacio comenzó a adquirir una nueva función. En 1858 se fundó el Casino Mercantil e Industrial, una sociedad de recreo y encuentro para la emergente burguesía zaragozana: comerciantes, industriales y profesionales que buscaban un lugar donde relacionarse, leer la prensa o asistir a tertulias. En 1875, la institución alquiló el edificio del Coso 29, y en 1909 lo compró para convertirlo en su sede definitiva.

El esplendor del siglo XX

Con la llegada del nuevo siglo, el Casino Mercantil quiso modernizar su imagen. Encargó al arquitecto Francisco Albiñana una profunda remodelación que transformó por completo el aspecto del edificio entre 1912 y 1914.

La nueva fachada, inspirada en la Secesión vienesa, es una de las joyas del modernismo en Aragón. Su composición simétrica combina piedra tallada con hierro forjado y grandes ventanales, decorados con relieves florales, hojas de parra y guirnaldas. En el interior, los salones se embellecieron con mármoles, vidrieras, espejos, columnas decorativas y techos ornamentados que reflejaban el gusto refinado de la Zaragoza burguesa de principios del siglo XX.

En sus estancias se celebraban bailes, banquetes, tertulias y conciertos. Era el epicentro de la vida social de una ciudad que se abría a la modernidad. Se dice que incluso Albert Einstein, durante su visita a Zaragoza en 1923, asistió a un banquete en este edificio.

Del ocio burgués a la banca aragonesa

El esplendor social del Casino Mercantil fue decayendo con el paso de las décadas, pero el edificio logró conservar su esencia. En la segunda mitad del siglo XX, el inmueble pasó a manos de Caja Rural de Aragón. 

A pesar de su función bancaria, la entidad ha mantenido gran parte de la estructura y la decoración original. En 2004 fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por el Gobierno de Aragón, en reconocimiento a su valor arquitectónico y patrimonial.

Hoy, el edificio del antiguo Casino Mercantil sigue siendo un punto de referencia para zaragozanos y visitantes. Aunque su interior no está abierto al público de forma permanente, su imponente fachada sigue recordando que, en pleno siglo XXI, la historia y la belleza pueden convivir con la vida moderna.

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