La desconocida historia del monasterio que ahora es un barrio de Zaragoza

El convento del siglo XVII que hoy es uno de los barrios más singulares de Zaragoza.
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La desconocida historia del monasterio que ahora es un barrio de Zaragoza

A solo seis kilómetros del centro de Zaragoza, al borde de la carretera de Castellón (A-68), se levanta uno de los barrios rurales más singulares de la capital aragonesa: La Cartuja Baja.

Su historia es tan particular que, junto con la Cartuja de Sainte-Croix-en-Jarez en Francia y la Certosa degli Angeli en Italia, forma parte del reducido grupo de recintos monásticos que, tras los procesos desamortizadores del siglo XIX, se transformaron en espacios urbanos civiles.

Una fundación nacida del testamento de un noble zaragozano

El origen del monasterio se remonta a 1629, cuando don Alonso de Funes y Villalpando, noble caballero y regidor del Hospital de San Felipe y Santiago, dispuso en su testamento que toda su hacienda pasara a la orden de los cartujos para levantar un nuevo monasterio en tierras aragonesas.

Pero fue su esposa, doña Jerónima Zaporta, nieta del célebre banquero Gabriel Zaporta, quien tomó las riendas de la fundación al morir su marido. Mujer de carácter fuerte y decidida, no solo ejecutó la voluntad de Alonso, sino que aportó también su propia fortuna para convertir el sueño en realidad.

La Capitulación de la Fundación se firmó en 1634, y aunque el primer intento de ubicación fue cerca de Alcañiz, en la Torre de los Martucos, los monjes terminaron estableciéndose en 1643 en las cercanías de Zaragoza, en la llamada Torre de las Vacas o de Martín Cabrero, que se convertiría en el emplazamiento definitivo.

Del esplendor monástico al abandono

La Cartuja de la Inmaculada Concepción vivió siglos de prosperidad. Gracias a donaciones, rentas y trabajos de los propios monjes, se convirtió en una de las cartujas más ricas de España. En 1651 se colocó la primera piedra, y en 1767 ya estaba completado gran parte del conjunto: 37 celdas, iglesia, refectorio, hospedería, claustros, torreones y una muralla que aislaba el recinto del mundo exterior.

Todo cambió con las desamortizaciones del siglo XIX. Los monjes fueron expulsados y el monasterio pasó a manos privadas. Las antiguas celdas y dependencias religiosas fueron transformadas en viviendas y talleres, naciendo así un nuevo barrio: Cartuja Baja, que con el tiempo se consolidó como parte del término municipal de Zaragoza.

Un barrio que conserva su alma

Hoy, la Cartuja Baja está declarada Conjunto de Interés Cultural y conserva buena parte de sus estructuras originales: la iglesia barroca, la torre octogonal, la portería de ladrillo —único punto de contacto con el exterior—, la hospedería o la celda del prior.

El Ayuntamiento de Zaragoza impulsa su restauración progresiva mediante un Plan Especial de Protección y Reforma Interior, que ha permitido devolver a la vida algunas de las joyas arquitectónicas del recinto.

También se celebran fiestas populares como San Antón, San Jorge o la recreación de la fundación de la Cartuja. Rodeado por la huerta zaragozana y próximo a la Reserva Natural del Galacho de la Cartuja, el barrio combina historia, arquitectura y naturaleza en un entorno único.

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