El monorraíl de Plaza Imperial: el proyecto más ambicioso (y fallido) del centro comercial
El primer monorraíl automático de España funcionó en Zaragoza y hoy sobrevive como una reliquia suspendida sobre un recinto en plena reconversión.
Durante años, en Zaragoza existió un monorraíl elevado que atravesaba un centro comercial. Ocurrió aquí, en Plaza Imperial, un complejo que llegó a ser el más grande de Aragón y que intentó diferenciarse con una infraestructura nunca vista en ningún centro comercial del país.
Hoy, aquel tren futurista permanece inmóvil, silencioso, convertido en un recuerdo suspendido sobre un espacio que renace bajo un nuevo nombre.
Un monorraíl rescatado de la Expo 92
El monorraíl de Plaza Imperial no era una atracción improvisada, sino un auténtico tren eléctrico de cuatro vagones, rescatado —según la documentación original del proyecto— de la Expo 92 de Sevilla. Su función era conectar las dos grandes áreas del complejo: la zona de medianas superficies y el edificio principal de ocio y comercios. Una distancia que superaba los 600 metros y que, a pie, resultaba poco práctica para muchos visitantes.
El tren discurría a seis metros de altura, sostenido por 39 pilares, y completaba el trayecto en apenas tres minutos. Con capacidad para 36 pasajeros por viaje y plazas reservadas para personas con movilidad reducida, era gratuito y funcionaba durante todo el horario del centro.
Cuando arrancó, después de la apertura del centro el 3 de septiembre de 2008, supuso un pequeño hito tecnológico. En poco más de un mes acumuló 250 horas de funcionamiento y transportó cerca de 17.000 personas. El plan inicial contemplaba que, tras un periodo de rodaje con asistente a bordo, el monorraíl operase de forma completamente automática desde un centro de control.
Un proyecto pensado para marcar la diferencia
Los promotores de Plaza Imperial lo tenían claro: el monorraíl debía ser el “elemento diferenciador” del complejo. Y lo era. Ningún otro centro comercial en España había apostado por un sistema de transporte interno de este tipo, inspirado en los grandes malls estadounidenses y asiáticos.
El diseño y ejecución recayó en empresas de primer nivel: Sener, responsable de la vía, las estaciones y el control, Chapman Taylor, encargados de la arquitectura de las terminales, LV Salamanca Ingenieros, coordinación técnica y Manusa, instalación de las puertas automáticas de andén.
El objetivo era combinar ocio, tecnología y movilidad eficiente para crear una experiencia totalmente nueva en Aragón.
Del futuro prometido al abandono
Pero esa visión duró poco. La crisis económica, la saturación del mercado comercial y la dificultad para llenar sus más de 200 locales fueron reduciendo el atractivo de Plaza Imperial. Muchos establecimientos cerraron, las visitas cayeron y el monorraíl —cuyos costes de mantenimiento eran elevados— acabó quedando fuera de servicio.
Sin visitantes suficientes, sin tiendas y sin un proyecto claro de futuro, el tren dejó de circular. Durante años permaneció detenido en su vía elevada, como un símbolo del declive del centro comercial.
Un futuro que ya no incluye monorraíl
A día de hoy, aunque el edificio principal ha estado cerrado durante años, la estructura del monorraíl sigue en pie. Los pilares continúan visibles y parte del trazado recorre todavía el recinto, ahora parcialmente rodeado por grandes superficies que sí siguen operativas. El tren en sí, muy deteriorado por el paso del tiempo, es una reliquia que muchos recuerdan con nostalgia.
Para los curiosos, aún puede observarse desde las inmediaciones de los comercios que continúan activos, como Family Cash, McDonald's o KFC. La línea 501 del CTAZ facilita la llegada a la zona, aunque el interior del antiguo centro comercial permanece inaccesible.
Hoy Plaza Imperial está inmerso en un proceso de reconversión total. Su transformación en Plaza Park Zaragoza, un nuevo parque comercial al aire libre impulsado por Inversiones Carney, implica la demolición progresiva de la antigua galería. La apertura está prevista para 2027 y, con ella, el monorraíl quedará definitivamente como parte del pasado.