Cuando Rosalía cantó en un centro cívico de Zaragoza y no había ni 100 personas

Antes de las alfombras rojas, de los estadios y de los millones de reproducciones, hubo una noche mágica en Zaragoza.

Era viernes, 17 de febrero de 2017. El Centro Cívico Delicias acogía una nueva cita del ciclo ‘De la Raíz’, una programación pensada para los amantes del flamenco contemporáneo y las músicas de raíz. Aquella noche, en el escenario, una joven catalana de 23 años, acompañada de un guitarrista y productor de prestigio, Raül Refree, ofrecía un concierto íntimo, sobrio y emocionante.

Apenas casi cien personas se sentaron frente a ella. Nadie podía imaginar que estaban asistiendo a uno de esos momentos que solo se entienden con el paso del tiempo: el primer concierto de Rosalía en Aragón.

Por aquel entonces, Rosalía Vila todavía era una artista en busca de su voz definitiva. Lejos quedaban los visuales milimetrados, las coreografías imposibles y las giras multitudinarias. Aquella Rosalía era pura emoción, un torrente de voz que se desnudaba sobre el escenario para cantar flamenco desde la raíz, pero con una mirada distinta.

En el repertorio de esa noche estaban algunas de las canciones de su primer disco, Los ángeles: ‘Te venero’, ‘De plata’, ‘Catalina’ o ‘La hija de Juan Simón’, entre otras. También rindió homenaje a Enrique Morente con una sobrecogedora versión de ‘Aunque es de noche’ y se atrevió con una adaptación del clásico de Bonnie “Prince” Billy, ‘I See a Darkness’.

El concierto duró poco menos de dos horas. La entrada costaba 8 euros en anticipada y 18 en taquilla. En el cartel, su nombre apenas destacaba entre el resto de propuestas de ese ciclo. No había focos, ni pantallas, ni móviles grabando cada segundo. Solo una voz joven que ya entonces apuntaba maneras de algo grande.

Unos meses después, Rosalía colaboraría con un joven C. Tangana, que también empezaba a despuntar. Su unión marcaría el inicio de un nuevo capítulo en la música española, donde el flamenco tradicional y los sonidos urbanos se mezclarían sin complejos.

Hoy, aquella misma artista es un icono global. Con El mal querer (2018) rompió moldes y conquistó el mundo. Luego llegarían Motomami (2022) y su recién estrenado Lux (2025), con los que ha seguido explorando géneros y reinventando su identidad artística. En su palmarés acumula Grammy Latinos al mejor álbum del año, mejor ingeniería de grabación, mejor álbum alternativo y mejor diseño de trabajo discográfico.

Pero antes de las alfombras rojas, de los estadios y de los millones de reproducciones, hubo una noche mágica en Zaragoza. Un escenario pequeño, un público reducido y una artista que todavía no sabía que estaba a punto de cambiar la historia del pop en español.

Esa noche, en el Centro Cívico Delicias, Rosalía dejó su primera huella aragonesa. Un concierto íntimo que hoy suena casi mítico: cuando menos de cien personas vieron nacer a una estrella mundial.

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