Viajar a Roma con el nuevo vuelo desde Zaragoza no es tan buena idea: obras y museos cerrados
Viajar a Roma desde Zaragoza ya es posible tras más de una década de espera. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. A día de hoy, muchos tesoros romanos han sido enterrados bajo andamios, y seguirán así en 2025 debido a los retrasos en las obras destinadas a preparar la ciudad para el Año Santo 2025. Esta peregrinación, celebrada cada 25 años, prevé atraer a Roma a más de 35 millones de personas, aunque la cifra podría superar los 50 millones.
Monumentos icónicos como la Piazza Navona, la Fontana di Trevi, el Ponte Sant'Angelo y el Coliseo están incluidos en los ambiciosos planes de restauración, junto con una nueva red de metro que promete recorrer el centro de Roma, aunque las obras avanzan a contrarreloj.
El caos actual es el precio que paga Roma por su apuesta de renovación, con la promesa de una ciudad restaurada para el Jubileo 2025 que todavía no ha terminado. Por lo que la experiencia de los visitantes sigue marcada por el ruido de las obras, los precios desorbitados y la imposibilidad de disfrutar de su magia incluso en horario nocturno, cuando la iluminación no logra ocultar las cicatrices de una ciudad que lucha por adaptarse a su propia grandeza.
Una ciudad al borde del colapso
Los preparativos del Año Santo dejaron una Roma en transformación y un espacio desquiciante para residentes y turistas. Las obras a cielo abierto proliferan tanto como los monumentos recubiertos de andamios, mientras que el turismo masivo convierte cada rincón en una gincana frustrante. La suciedad y el caos del tráfico agravan la experiencia de recorrer la Ciudad Eterna. Incluso lugares históricos como la Appia Antica se ven afectados, con interrupciones constantes que dificultan un paseo tranquilo. Todas estas eventualidades de obras y cortes debían haber terminado antes del inicio de año 2025, como principio del Jubileo, pero aún está la ciudad con obras y reformas.
El impacto del turismo masivo también se refleja en el disparatado aumento de precios. Hoteles y apartamentos han multiplicado sus tarifas, convirtiendo la búsqueda de alojamiento en una tarea titánica. Los estudiantes se enfrentan a la escasez de viviendas asequibles, mientras que el mercado clandestino de alquileres opera con impunidad. Al mismo tiempo, muchos romanos han abandonado el centro de la ciudad, expulsados por la especulación y la invasiva presión turística.
El advenimiento del Jubileo
El Año Santo, que se celebra desde 1300 cada cuarto de siglo, supone una oportunidad para la restauración y el embellecimiento de Roma. El impacto económico y turístico del Jubileo permite abordar reformas que de otro modo serían inviables. Monumentos como el Arco de Constantino, el interior de la basílica de San Pedro y el Palacio Barberini se encuentran entre las intervenciones previstas, mientras que los vecinos reciben ayudas para limpiar fachadas y mejorar el urbanismo local.
El Jubileo de 1950, convocado por Pío XII, marcó un antes y un después para Roma, revitalizándola tras la Segunda Guerra Mundial y preparándola para su proyección como destino universal. Sin embargo, 75 años después, la ciudad enfrenta el reto de gestionar una bulimia turística que amenaza con asfixiar su encanto y funcionalidad.



