"Un cajetín de escalera es un problema pero cambiar una fachada en la plaza de España no"
Hay edificios en el barrio de El Gancho, en el Casco Histórico de Zaragoza, que llevan décadas apuntalados. Sus vecinos llevan años pidiendo que se descataloguen para poder tirarlos.
Y desde el mes de febrero, algunos de ellos llevan esperando una respuesta de la Gerencia de Urbanismo para vallar y cerrar los soportales de solares degradados.
Esa respuesta no ha llegado. El concejal de Vox en el Ayuntamiento de Zaragoza y presidente de la Junta de Distrito del Casco Histórico, Armando Martínez, lo puso sobre la mesa este lunes en la Comisión de Urbanismo: "Hay un abandono de pequeñas cosas, fácil de solucionar, que crean problemas graves y grandes para los vecinos".
Edificios apuntalados en El Gancho: décadas sin solución
El diagnóstico de Martínez sobre el barrio de El Gancho es duro. Hay inmuebles que llevan décadas apuntalados y que en ese estado se han convertido, según el concejal, en "nidos de ratas y de suciedad".
Los vecinos de la zona llevan tiempo reclamando que esos edificios sean descatalogados —es decir, que pierdan su protección patrimonial— para poder proceder a su derribo y liberar el espacio que ocupan.
La situación refleja una de las tensiones más habituales en los cascos históricos españoles: la protección patrimonial de edificios degradados que, en teoría, merecen conservarse pero que en la práctica llevan años sin rehabilitación posible ni recursos para acometerla, mientras se deterioran y generan problemas de salubridad para los vecinos de su entorno.
Martínez citó de forma específica los solares en las calles Boggiero y Cerezo como ejemplos de esta situación. Y dedicó especial atención al entorno del Convento de Las Fecetas, en la calle Santa Inés, cuya degradación calificó de "barbaridad": los vecinos llevan desde febrero solicitando en la Gerencia de Urbanismo el cerramiento de los soportales y el vallado del solar, y "no se les ha dado una respuesta".
Las Fecetas: turismo y personas sin hogar en el mismo convento
El Convento de Las Fecetas añade otro elemento a la complejidad del Casco Histórico. Se trata de un espacio que recibe visitas turísticas semanales para ver su claustro, uno de los rincones históricos menos conocidos pero más valiosos de Zaragoza. Al mismo tiempo, según denunció Martínez, el entorno está actualmente "ocupado por personas sin hogar que no hacen otra cosa que degradar el entorno".
Es una contradicción que resume bien el estado de muchos espacios del Casco Histórico: patrimonio de primer nivel sin recursos ni gestión suficientes para mantenerlo en condiciones que permitan tanto su disfrute turístico como la convivencia digna con los vecinos y usuarios del barrio.
La muralla medieval del Parque Bruil: años de espera por una iluminación
Más allá de los problemas estructurales, Martínez puso sobre la mesa una demanda vecinal que calificó de "bien importante, bien sencilla y bien barata": la iluminación de los restos de la muralla medieval en el entorno del Parque Bruil. Los vecinos llevan "un montón de tiempo" pidiéndolo, según el concejal, y la respuesta del Ayuntamiento brilla por su ausencia.
"No estamos hablando de miles de millones de euros", precisó Martínez, subrayando la desproporción entre lo que se pide —una intervención de iluminación relativamente sencilla sobre un elemento patrimonial ya existente— y el tiempo que lleva sin resolverse.
La doble vara de la Comisión de Patrimonio
Uno de los argumentos más contundentes de la intervención de Armando Martínez apuntó directamente a la Comisión Municipal de Patrimonio y a lo que describió como una aplicación desigual de sus criterios. "En unos casos lo tolera todo y en otros, en los que afecta al pequeño vecino, todo son problemas", resumió.
El ejemplo que puso ilustra bien la queja: "Un cajetín cualquiera de una escalera se puede convertir en un gran problema, pero autorizar un cambio de una fachada importantísima en la plaza de España no parece conllevar problema alguno". Una comparación que apunta a que los criterios patrimoniales se aplican con más rigor —o con más burocracia— cuando se trata de obras de particulares que cuando se trata de intervenciones de mayor envergadura.
"Yo, desde luego, en eso no puedo estar de acuerdo con esa Comisión y trataría de darle una vuelta", concluyó el concejal, dejando abierta la posibilidad de impulsar cambios en el funcionamiento de ese órgano desde su posición en el distrito.
La tesis de Vox: pequeñas cosas, grandes problemas
La intervención de Martínez se cerró con un mensaje que resume la filosofía que defiende Vox para el Casco Histórico: "No creemos que haya que hacer grandes planes, ni invertir en edificios especialmente importantes o costosos o caros, sino preocuparse por las pequeñas cosas que piden los vecinos".
Solares vallados, soportales cerrados, murallas iluminadas, edificios en ruinas derribados. Intervenciones sin grandes titulares pero que los vecinos de El Gancho, Las Fecetas y el Parque Bruil llevan años reclamando sin éxito.


