Zaragoza para millennials: cuando la estación de tren estaba en el centro y te despedías desde el andén

Viajar en tren en la actualidad significa aguardar colas y pasar controles de seguridad. Pero hubo otro tiempo en el que entrabas al tren directamente sin pasar por seguridad, e incluso podías bajar al andén a recibir o a despedir a tus familiares o a la pareja. 

El Portillo representa una forma de viajar en tren mucho más / Zaragoza Arquitectura
El Portillo representa una forma de viajar en tren mucho más / Zaragoza Arquitectura

Son las cinco de la tarde de un lunes de diciembre. La estación de Zaragoza Delicias bulle de actividad con decenas de viajeros que llegan y van a destinos como Madrid, Barcelona, Pamplona, Huesca, Sevilla.. En el control de accesos hacia la alta velocidad, dos señoras de mediana edad se despiden de otra que va cargada de maletas. Entre abrazos, la señora con maletas desaparece en una fila que atraviesa un arco de seguridad ante la mirada seria de un guardia, dentro de un proceso impersonal. 

Viajar en tren ha dejado algo de ser algo romántico. Hubo un tiempo, en el que esas colas no existían. Ni esos arcos de seguridad, ni esos guardias de seguridad escrutando lo que llevamos la maleta. Hasta 2003, fecha de la llegada del Ave, la estación de Zaragoza estaba situada mucho más céntrica que la actual, en El Portillo, a escasos metros del actual CaixaForum y del Edificio Pignatelli.

EL PORTILLO, LA ANTIGUA ESTACIÓN DE ZARAGOZA

La estación de El Portillo era una estación familiar y manejable, nada que ver con el mastodonte de la estación de Delicias. El Portillo fue inaugurado en 1973, sustituyendo a la terminal del Campo Sepulcro, conocida popularmente como estación de Madrid porque desde allí partían los trenes hacia la capital española. 

La estación era ecléctica, fruto de ese modernismo de los años 70, con una fachada acristalada y una rampa construida sobre el acceso a la antigua estación de Campo Sepulcro, que fue reaprovechado para acceso al aparcamiento. 

En el Portillo podías bajar a los andenes sin pasar contoles / Ayto. de Zaragoza
En el Portillo podías bajar a los andenes sin pasar contoles / Ayto. de Zaragoza

El mural del ceramista y pintor Andrés Galdeano presidía las idas y venidas de los viajeros, que salían y llegaban al mismo vestíbulo, a diferencia de la actual estación, donde están separadas las salidas y las llegadas al más puro estilo aeropuerto. Desde el el vestíbulo acristalado y luminoso, por medio de escaleras mecánicas se accedía a los distintos andenes a los que llegaban los trenes de larga distancia y los regionales. 

Pero sin duda, lo mejor es que podías bajar hasta el mismo andén sin pasar por controles para recibir o despedir a los viajeros, ya fueran familiares, o parejas. La de veces que estuve allí despidiendo a mis tíos y primos de Madrid, viendo como el icónico Talgo se alejaba lentamente en dirección a la capital.

Ahora, esas situaciones de niños corriendo por el andén mientras el tren comenzaba a andar diciendo adiós, o escenas de enamorados como las de Jennifer Jones y Montgomery Clift despidiéndose antes de que el tren parta en 'Estación Termini' ya son historia para el recuerdo.

O al menos, en Zaragoza y en España, porque en Francia, todavía te puedes acercar al tren de alta velocidad que está a punto de salir sin tener que pasar control alguno. 

Esas escenas familiares y románticas son cosa de un pasado no tan lejano en el que viajar tenía algo de mágico y extraordinario, con los revisores atravesando el tren pidiendo los billetes a los pasajeros tras dar los buenos días o las buenas tardes.

Poco queda de esos viajes en los que el trayecto a Madrid era bastante más lento. Si en estos momentos gracias a los trenes de alta velocidad se puede hacer el trayecto entre Zaragoza y la capital española es de poco más de una hora, en aquellos momentos el viaje en Talgo costaba unas tres. Un tiempo que a muchos les parecerá excesivo, pero que otros recordamos con morriña por la forma en la que se viajaba antes. 

Comentarios