Todo lo que Zaragoza puede hacer para tener refugios climáticos y no sufrir tanto los 40 grados
Zaragoza ya sabe lo que es sufrir veranos abrasadores. Los 40 grados en la capital aragonesa no son una excepción, sino una realidad cada vez más frecuente. Con las olas de calor aumentando en frecuencia, duración e intensidad, la necesidad de actuar con urgencia para proteger la salud de la población se ha convertido en una prioridad ineludible. Así lo recoge Greenpeace en su último informe sobre la adaptación de las ciudades al calor extremo, un documento que plantea soluciones concretas para hacer frente a esta amenaza creciente en urbes como Zaragoza.
“Las olas de calor están provocando muertes cada año, ya está sucediendo, y no hay tiempo que perder”, advierte la organización ecologista.
Bajo el enfoque “One Health”, que considera la salud humana, animal y ambiental como interdependientes, el informe sitúa a España en una zona crítica del calentamiento global. La cuenca mediterránea, en particular, se está calentando un 20% más que la media global, lo que se traduce en fenómenos extremos como sequías, incendios forestales, inundaciones y, sobre todo, un preocupante aumento de las temperaturas en las ciudades.
CIUDADES MAL PREPARADAS
Greenpeace ha revisado los planes de adaptación de 15 grandes municipios del país y el diagnóstico es demoledor: ninguno protege lo suficiente a su población, y algunos ni siquiera aplican las medidas más básicas para mitigar los efectos del calor extremo.
Zaragoza, como muchas otras ciudades del sur de Europa, sufre especialmente el fenómeno de la isla de calor urbana. El asfalto, el hormigón, el tráfico o los aparatos de aire acondicionado convierten el entorno urbano en auténticas trampas térmicas. Las temperaturas nocturnas en el centro pueden llegar a ser hasta 10 grados más altas que en las zonas rurales del entorno.
Además, el 81% de la población española vive ya en entornos urbanos, porcentaje que podría alcanzar el 88% en 2050. Esto convierte a las ciudades en el principal frente de batalla tanto para mitigar emisiones como para adaptarse a las consecuencias del cambio climático.
Uno de los aspectos más destacados del informe es la desigualdad en la vulnerabilidad frente al calor. Factores como la renta, la calidad de la vivienda, el acceso a servicios sanitarios o la precariedad laboral determinan la capacidad de resistencia. Según el documento, los barrios con menor nivel económico suelen tener menos cobertura vegetal y edificios peor aislados, lo que los convierte en puntos especialmente críticos.
“Las personas que viven en zonas urbanas son hasta seis veces más vulnerables al calor que las que viven en zonas rurales”, alerta Greenpeace.
Y aunque los golpes de calor ocupan los titulares, lo cierto es que solo el 2% de la mortalidad por temperaturas extremas se debe a efectos agudos. La gran mayoría responde al agravamiento de enfermedades preexistentes, especialmente cardiovasculares y respiratorias.
QUÉ PUEDE HACER ZARAGOZA
La adaptación urbana no puede quedarse en lo simbólico. Greenpeace propone medidas concretas y evaluables para convertir las ciudades en refugios climáticos.
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Aumentar los espacios verdes y aplicar la regla 3-30-300: ver tres árboles desde cada vivienda, alcanzar un 30% de cobertura vegetal en cada barrio y tener al menos un parque de media hectárea a menos de 300 metros del hogar.
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Desarrollar infraestructuras azules para la gestión sostenible del agua.
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Crear refugios climáticos públicos y accesibles, especialmente en los barrios más vulnerables.
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Diseñar planes de sombra, colocar más fuentes de agua en espacios públicos y elaborar mapas de rutas frescas para desplazarse a pie en los días más cálidos.
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Apostar por la rehabilitación energética de edificios, tanto residenciales como públicos.
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Implantar sistemas de alerta temprana, adaptar los horarios laborales para quienes trabajan al aire libre y reforzar la atención primaria y los servicios sociales.
Greenpeace subraya que la sombra y el verde urbano son mucho más que una cuestión estética: pueden salvar vidas. Según el informe, una cobertura vegetal del 30% puede reducir hasta en un tercio las muertes prematuras provocadas por las islas de calor.
La organización ecologista también aboga por fortalecer la resiliencia comunitaria, implicar a la ciudadanía en la co-creación de soluciones, rehabilitar centros educativos y de mayores, y dotar a las comunidades autónomas y municipios de herramientas financieras que prioricen la protección de las personas más vulnerables.
“La protección de las personas y la reducción de las desigualdades debe ser un objetivo principal en la adaptación de los municipios al cambio climático”, concluye Greenpeace.

