Opinión I De 1982 a 2030: dos Romaredas y no el mismo espíritu
La invocación de Jorge Azcón al recordar a Ramón Saiz de Varanda, aquel alcalde socialista visionario, nos devuelve a una época donde los líderes poseían una clarividencia y determinación que hoy parece faltar. Hace 40 años, Sainz de Varanda reformó la Romareda con una visión a largo plazo, logrando que Zaragoza fuera sede del Mundial de 1982.
Una visión que llevó a Zaragoza a la modernidad de entonces. Una perspectiva de una alcalde socialista que aglutinó el consenso de todos para una nueva Romareda. Un planteamiento de ciudad que contrasta con la posición de los actuales líderes del PSOE.
Desde Lola Ranera y sus cambios de guión desesperados; a la posición partidista y fuera de argumentos convincentes de Juan Antonio Sánchez Quero en la Diputación de Zaragoza.
Es imperativo reconocer que la nueva Romareda ya ha comenzado su andadura. Hay una esperanza palpable de que Zaragoza, la cuarta ciudad más importante de España, finalmente cuente con un estadio acorde a su potencial como ciudad. Y al espíritu que se merece el zaragocismo.
Aunque la Diputación Provincial se haya apartado del proyecto, es alentador ver que el Gobierno aragonés, el Ayuntamiento y el Real Zaragoza han asumido este necesario e histórico desafío. Con una inversión comprometida de 40 millones de euros por cada entidad, distribuida en diversos plazos, se marca un hito en los esfuerzos tras dos décadas de proyectos fallidos e ilusiones enterradas.
La fotografía de este viernes, con Natalia Chueca como líder del Ayuntamiento, Jorge Azcón como jefe del Ejecutivo aragonés y Raúl Sanhellí como director general del Real Zaragoza es algo histórico. Nunca visto. Es el primer proyecto en el que el Ayuntamiento no camina solo, pese a los palos en las ruedas de los últimos meses por parte de la izquierda. Es ahora cuando con el respaldo político y financiero del Ejecutivo aragonés y la valiosa contribución del Real Zaragoza con Jorge Mas como principal valedor.
Sólo quedar mirar hacia delante, no recordar quien se ha quedado atrás. Ya hay un compromiso firme de tres activos que tienen capital y capacidad para gestionar este proyecto. Es una lástima que este ambicioso proyecto no cuente con el consenso unánime de las fuerzas políticas. De todas.
Aún así, la determinación de Azcón, Chueca y Mas es palpable. Esta iniciativa es ya una oportunidad histórica y debe culminar con éxito para el bien de Zaragoza. No cabe más torpezas ni zancadillas.